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En este número conmemoramos los 450 años de la llegada de los jesuitas a Nueva España. Desde el inicio, su misión fue clara, partir del postulado ignaciano de «ayudar a las almas». Los miembros de la Compañía de Jesús que arribaron a nuestras tierras se dieron a la tarea de descubrir las riquezas de cada uno de los pueblos que las habitaban y se lanzaron a la forja de una identidad donde estas riquezas quedaran manifiestas y no se perdieran bajo la autoridad colonial. Por eso, el trabajo que realizaron no fue solamente espiritual, sino que involucró muchísimos elementos, desde la construcción de centros de estudio hasta el desarrollo de las labores agrícolas y ganaderas de varias comunidades, a través de los cuales nuestra nación fue adquiriendo un rostro propio.

Desde 1572, cuando fueron enviados por san Francisco de Borja, los jesuitas se dedicaron a educar y a evangelizar construyendo una extensa red en donde se puede destacar como un punto esencial el rescate de los valores de los nuevos territorios, además del intenso trabajo misionero, intelectual y artístico que supo dar cuenta del diálogo entre las culturas y que propuso la defensa de la vida y derechos de las personas y los pueblos de cada región. Resaltamos también la apertura de los miembros de esta congregación que estuvieron dispuestos a reconocer sus errores y defectos, pedir perdón y corregirlos y así, ofrecer su misión como una Buena Noticia para México con toda la diversidad de sus habitantes y pueblos.

La impronta que dejaron en la formación de muchas personas, en el mejoramiento de las condiciones de vida de muchos mestizos pobres e indígenas, pero sobre todo en la búsqueda de una identidad nacional, basada en una sociedad justa y sin cadenas opresoras, es un legado que no podemos dejar en el olvido. Invitamos a nuestros lectores a descubrir su importancia.

EL EQUIPO EDITORIAL DE CHRISTUS

Foto: ©Keystone Pictures, USA/ZUMAPRESS.com

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