
Tres testimonios sobre los “vuelos de la muerte”, que usaba el ejército para desaparecer a quienes eran considerados enemigos del régimen, se suman al recién hallado documento con una lista de 183 posibles víctimas de esta práctica; forman parte del archivo del comité fundado por Rosario Ibarra de Piedra y pueden consultarse en el Camena.

La vida interior es algo muy complejo en medio de tantos ruidos y demandas que nos agobian; de hecho, podemos no tener vida interior y vivir solamente para lo externo, como esos frutos que se van secando de adentro hacia afuera: parecen estar bien, pero al abrirlos resulta que están muertos.

Una carta perteneciente al archivo del Comité Eureka contiene una lista con 183 personas detenidas en México entre 1972 y 1974, cuyos cuerpos habrían sido arrojados al mar desde aviones que salieron de la base militar de Pie de la Cuesta en Acapulco.

En esta entrega, José García de Castro, S.J., aborda temas centrales de la Iglesia de Francisco, los retos que nos plantea el cuidado de la Casa Común y cómo la contemplación para encontrar el amor, según Ignacio, nos permite fortalecer los lazos comunitarios.

Desde hace casi dos años que llegué a estas tierras experimenté que llegué a un modo propio de ser diácono y sacerdote con este pueblo.

En esta segunda entrega de nuestra entrevista, José García S.J. hace énfasis en la situación actual, donde las guerras son una amenaza real. Nos comparte qué aporta la espiritualidad ignaciana para pensar el presente en términos de reconciliación y paz.

A la luz de nuestra sociedad de consumo y una cultura de muerte, que censura y relativiza lo ético, podemos encontrar pistas ignacianas en la película El niño y la garza (Hayao Miyazaki, 2023) que, no por nada, ganó el Oscar a la mejor película animada.

No hay violencia más violenta que la que ejerce un Estado contra sus propios ciudadanos, que pone a sus tres poderes y su fuerza policial a las órdenes no del bien común sino de una minoría insaciable.

Actualmente, en la mayoría de los países del mundo, hablar de fronteras equivale a hablar de violencia. Ante el resquebrajamiento del sistema de Estados nación, el incremento de los flujos migratorios, el aumento de las “economías criminales” y una férrea política de seguridad nacional como respuesta a dichos fenómenos, la violencia pareciera ser el lenguaje común de las fronteras del mundo.

Hace 12 años, cuando en el norte de México, en la frontera, los migrantes clamaban por su vida, la mirada no estaba puesta en el sur del país, en donde apenas y se reconocía que, en el paso fronterizo con Guatemala, existía un problema de seguridad.