
La relación entre espiritualidad y cuerpo ha sido, en varias ocasiones, empobrecida por lecturas que separan la interioridad, la contemplación y el espíritu de la materia, del gesto y de la experiencia sensible. Sin embargo, tanto la tradición ignaciana como ciertas expresiones culturales comunitarias ofrecen una comprensión más integral de la persona.

El pasado 25 de mayo el papa León XIV publicó la encíclica Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), un título que resume su contenido: la humanidad es magnífica, y por ello debemos cuidarla en estos tiempos en que está siendo amenazada. Para dejar aún más clara esta tesis, el subtítulo de la encíclica lo acaba de decir todo: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Quien entienda esto ya ha comprendido toda la encíclica, porque toda ella está en esta idea.

El 10 de mayo pasado, mientras muchas familias celebraban a las madres alrededor de una mesa de comida dominical, las calles de múltiples ciudades se llenaban con esta consigna.

Tenía que suceder el asesinato del general Obregón en julio de 1928 y el surgimiento del Maximato (1928–1934) para que don Manuel Gómez Morín, el técnico detrás del proyecto económico callista, pasara por la Rectoría de la Universidad Nacional y se enfrentara con los partidarios de la educación «socialista», y luego se metiera en la lucha cívico–política que diera como resultado la construcción del Partido Acción Nacional.

Conversamos con Mariana Méndez-Gallardo, doctora en Filosofía, escultora, teóloga y profesora del Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO, quien habita cruces poco comunes: el pensamiento, la fe y la escultura.

La más importante de las muchas actividades de este grupo fue la celebración eucarística realizada el 16 de noviembre de 1965 en las Catacumbas de Domitila, al final de la cual los alrededor de cuarenta obispos presentes se comprometieron con una Iglesia pobre y al servicio de los pobres y, en consonancia, con un estilo personal de vida pobre, alejado de todos los símbolos de riqueza y poder y de todos los privilegios.

La pregunta existencial más inquietante no es «¿Existe Dios?». Ésta es una cuestión teórica que pertenece a los debates de la metafísica y la apologética. Más bien, la pregunta vivencial y urgente es: «¿Dónde está Dios aquí y ahora?».

En suma, Magnifica Humanitas no es un texto contra la tecnología pese a cuestionar sin ambages el paradigma tecnocrático; su crítica no le lleva a descartar los aportes que puede traer consigo la Inteligencia Artificial. La encíclica es, ante todo, una invitación a discernir cómo y dónde se usa esta tecnología, para cuidar lo humano. Así, «no se trata ciertamente de oponerse a la inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana» (párr. 113).

Para Adolphe Gesché, «la hipótesis Dios o la idea de Dios —tanto en el caso del creyente como de aquel que no lo es— puede ayudar al hombre a pensar». De los creyentes podría surgir la objeción de que de hecho se puede pensar sin apelar a Dios, lo cual es cierto. Mientras que los no creyentes, por su lado, pueden mostrar resistencia al percibir que un concepto como el de «Dios» se avecina al de pensamiento.

Con este último video termina esta serie de videoblogs, que han querido ser una bitácora compartida de esta experiencia en Kashap Entsa y con Kashap Entsa. Mientras más caminamos, más historias se entrelazan con la nuestra.