
Diversas voces y experiencias en el mundo nos han marcado un punto de partida: queremos ser una Iglesia sinodal. El papa Francisco, en su ministerio de procurar la unidad, ha recogido esta aspiración común y la ha propuesto como un camino que hemos de empezar a recorrer.

En febrero de 2020, sin saber las dimensiones de la tormenta que se venía sobre nosotros, y sin aún medir las consecuencias que tendría la pandemia, estábamos preparando el camino para la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Un antecedente importante para el Sínodo de la Sinodalidad, inaugurado en 2021, fue sin duda, el Sínodo de la Amazonía de 2019, ya que fue un proceso de gran participación, muy amplio, que involucró a grupos de base, obispos, pastorales eclesiales y sociales y a otras organizaciones de este territorio.

El pasado 24 de febrero, el papa Francisco se encontró con estudiantes universitarios de América para escuchar sus preocupaciones y proyectos en torno a dos de los desafíos que experimentan los pueblos del continente: la migración y la búsqueda de refugio.

Recientemente, en torno al Sínodo, se ha generado un ambiente dinámico en la Iglesia que buscan, desde la conversación y el camino compartido, dar luz sobre las temáticas actuales que competen al pueblo de Dios.

Es común escuchar en estos tiempos que han muerto los profetas que levantaban su voz por la justicia y la esperanza, y que vivimos en una época donde se imponen las fuerzas de un capitalismo sin anhelo de igualdad, una violencia sin fronteras y sin distingos, y el miedo de una sociedad que se siente llevada irremediablemente a dinámicas de aislamiento y de «sálvese quien pueda»

En el primer trimestre de este año, nuestro país sufrió las consecuencias que nos dejó un 2021 bastante desalentador: una inflación mayor a 7%; un incremento en el precio de la gasolina y el aumento en el índice de la pobreza de 2%, lo que colocó a 55 millones de mexicanos en esta situación. Muchas familias experimentaron una ruda c

Últimamente, con el ansia de modernidad y con el pretexto de un ecumenismo mal entendido, queremos llegar a una definición o idea universal de Dios que integre el mayor número de los rasgos fundamentales comunes a todos los dioses y aceptables para todas las creencias religiosas o morales y aun científica.

En recuerdo del decano Orson Cuando Walter Brueggemann en su libro La imaginación profética declara

Las manifestaciones de la sociedad civil en México han tenido en la mira, principalmente, la exigencia de paz y seguridad contra la violencia, la defensa de los derechos humanos individuales y sociales, la búsqueda de personas desaparecidas por el crimen organizado, la protesta contra los feminicidios y la violencia de género. En todas estas causas sociales, la participación de la mujer ha ido creciendo.