
«Si Dios y el hombre son inocentes según el relato bíblico del Génesis, el verdadero primer problema de la responsabilidad puede plantearse de este modo: ¿cómo obrar ante el mal? ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo salir de él?», se pregunta Adolphe Gesché

Cuando pienso en la palabra experiencia, me remito en primera instancia a una percepción multisensorial; es decir, aquello que no sólo es aprehendido por la razón, sino que involucra además la sensación de alguno o varios de los sentidos: Vista si se relaciona con alguna imagen.

Lo que sí merece atención es la estructura de pensamiento que subyace a esa invocación, y el modo particular en que esa estructura articula, en el mundo contemporáneo, dos dimensiones que aparecen como distintas pero que en realidad operan en perfecta continuidad: la religiosa y la económica.

A cuatro años de su asesinato en la comunidad de Cerocahui, en la Sierra Tarahumara, el padre Provincial de los jesuitas mexicanos, Enrique Mireles Bueno, S.J., ofreció una homilía en la que recuperó la memoria y el legado de quienes compartieron vida y misión con el pueblo rarámuri.

Llevo días dándole vueltas a una imagen que no me suelta. El mundo entero viene a mi país a ver futbol y yo, que crecí viendo a mi familia y amigos amar este deporte, no consigo alegrarme del todo. Algo se me atraviesa.

El pasado 25 de mayo el papa León XIV publicó la encíclica Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), un título que resume su contenido: la humanidad es magnífica, y por ello debemos cuidarla en estos tiempos en que está siendo amenazada. Para dejar aún más clara esta tesis, el subtítulo de la encíclica lo acaba de decir todo: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Quien entienda esto ya ha comprendido toda la encíclica, porque toda ella está en esta idea.

El 10 de mayo pasado, mientras muchas familias celebraban a las madres alrededor de una mesa de comida dominical, las calles de múltiples ciudades se llenaban con esta consigna.

Tenía que suceder el asesinato del general Obregón en julio de 1928 y el surgimiento del Maximato (1928–1934) para que don Manuel Gómez Morín, el técnico detrás del proyecto económico callista, pasara por la Rectoría de la Universidad Nacional y se enfrentara con los partidarios de la educación «socialista», y luego se metiera en la lucha cívico–política que diera como resultado la construcción del Partido Acción Nacional.

¿Por qué iniciar con el mal para pensar en y desde Dios? Porque hoy, al igual que siempre, el mal continúa siendo el mayor escándalo al que nos enfrentamos. ¿Podemos imaginar una mejor puerta de entrada que el mal para investigar qué sucede cuando se piensa una cuestión desde Dios y a éste desde dicha cuestión?

Conversamos con Mariana Méndez-Gallardo, doctora en Filosofía, escultora, teóloga y profesora del Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO, quien habita cruces poco comunes: el pensamiento, la fe y la escultura.