Evangelio del domingo 4 de octubre

«¿Hasta cuándo, Señor, durará tu cólera?».

OCTUBRE

  • Isaías 5, 1–7
  • Salmo 79, 9 y 12. 13–14. 15–16. 19–20.
  • Filipenses 4, 6–9
  • Mateo 21, 33–43

§ La parábola de Jesús que escuchamos en el evangelio de Mateo remite al texto de Isaías de la primera lectura. En Isaías vemos la imagen de la viña que representa el pueblo de Israel, «una viña en una ladera fértil». Esta viña es cuidada por Dios para que produzca buenos frutos, pero al final produce uvas agrias. En el evangelio de Mateo la viña representa ahora el Reino de Dios. Resulta irónico que las autoridades religiosas, expertos en la Escritura, líderes del pueblo, etc., deberían de ser los primeros en recibir con gusto el Reino de Dios, pero no es así. Es un contraste con los pobres, los pecadores arrepentidos, los publicanos y las prostitutas, quienes verdaderamente sí acogen con alegría y entusiasmo el Reino de Dios porque tienen una apertura de corazón y confían de verdad en Dios. Por eso, ellos sí son capaces de dar frutos en sus vidas. Al contrario, que difícil es aceptar el don de Dios para aquellos que se sienten seguros de sí mismos y de su poder.

§ En la Carta a los Filipenses san Pablo nos invita a no inquietarnos y a confiar precisamente en el Señor. Él es la fuente de la verdadera paz que nos permite vivir centrados en el presente, enfrentar las dificultades de la vida y enfocar nuestra atención en la construcción del Reino de Dios. San Pablo nos ofrece dos recomendaciones: la oración y la práctica de las buenas enseñanzas que hemos recibido de los demás, las cuales nos ayudan a seguir adelante y perseverar en nuestro camino.

Hoy el Señor nos invita a tener un corazón abierto como los pobres del Evangelio y dispuesto para acoger con alegría el Reino de Dios. Así será posible producir frutos concretos en la vida. Asimismo, nos recuerda que todo aquello que destruye la paz y la comunión entre nosotros nos aleja de Jesús y de su Reino; es seguir rechazando la piedra angular. Por esta razón, nos sigue llamando a dar frutos buenos de justicia, amor y fraternidad allí donde nos encontremos: casa, trabajo, escuela, barrio, comunidad, etc.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán

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