«Dios es…».
MAYO
- Ex 34, 4–6. 8–9
- Dn 3
- 2ª Cor 13, 11–13
- Jn 3, 16–18
§ Reconocemos en la Santísima Trinidad al Dios en el que creemos. Podemos perdernos en definir a la Trinidad en conceptos abstractos o en ideas, estamos acostumbrados a pensar la vida en fórmulas estériles que no tienen contenido. Desde el principio de la escritura Dios va manifestándose. Pero en Éxodo se ofrece la definición más clara del Dios–Trinidad que podemos encontrar en la Biblia. El Señor dice a Moisés: «Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel». En estas características se resume la Trinidad.
§ Por ello, el profeta Daniel nos invita a bendecir, es decir, a decir bien sobre ese Dios misericordioso, paciente, fiel y compasivo. La bendición es darle honor a quien se bendice, reconocer su forma de ser. Así pues, el apóstol Pablo reconoce a la Trinidad como el «Dios del amor y de la paz» que está con nosotros.
§ Su presencia se hace radicalmente tangible gracias al acontecimiento Jesucristo, en el cual Dios se encarna para salvarnos, no para condenarnos como nos dice el evangelista Juan.
Dios siempre será, sobre todo, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel. Porque «no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él».







