Evangelio del domingo 3 de mayo

«¿Cuál es nuestra identidad?».

MAYO

  • Hch 6, 1–7
  • Sal 32
  • 1ª Pe 2, 4–9
  • Jn 14, 1–12

§ En ocasiones olvidamos quiénes somos los cristianos. En medio de un mundo tan opaco en el que las identidades son un tanto vaporosas, las lecturas de este domingo pueden darnos pistas con las cuales identificarnos y reafirmarnos como cristianos, seguidores de Jesús. El apóstol Pedro nos dice que somos «piedras vivas», es decir, que somos parte de un edificio que se levanta, un espacio que se vuelve refugio y consuelo para quienes andan perdidos y tristes. La Iglesia no es un edificio inerte, muerto, sino un edificio vivo. Fuimos llamados «de las tinieblas a la luz» por Dios, quien nos devuelve la vida para contagiarla.

§ Esa misma Iglesia viva se preocupa por los débiles, los pequeños, especialmente por las viudas y los huérfanos. Esta preocupación lleva a una organización más elaborada en la Iglesia naciente, haciendo viva la proclamación del Salmo que canta al Dios que «en épocas de hambre da vida» y cuida de quienes se confían en Él.

§ Además de ser piedras vivas de un edificio que acoge y cuida, en Jesús encontramos el camino a seguir, la verdad que se hace carne y la vida que nos da fe. Creer en Jesús implica hacer las obras que Jesús hace, siempre en referencia a ese Dios Padre, un Padre que nos trata como hijos, no como esclavos o siervos. Estamos invitados a no olvidar nuestra identidad: piedras vivas que caminan en dirección al Padre, siempre en conjunto para construir.

Que permitamos dejar al Espíritu conducirnos de la tiniebla a la luz y a caminar juntos, sosteniéndonos unos a otros en la tarea de edificar una comunidad viva y esperanzada.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán

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