«La obra de Dios es admirable».
MAYO
- Hch 8, 5–8. 14–17
- Sal 65
- 1ª Pe 3, 15–18
- Jn 14, 15–21Hch 6, 1–7
§ El salmo de hoy nos invita a recordar todo lo bueno que hay en nuestras vidas y cómo Dios se hace presente a través de ello: las personas, las situaciones, las cosas, todo lo bueno en nuestra vida nos habla de ese Dios y lo que ha hecho por nosotros. Eso nos da alegría, como al pueblo de Samaria cuando el diácono Felipe realiza la obra salvadora de Cristo en medio de los dolores y dificultades que viven. Esa alegría es signo de la presencia del Resucitado que continuamos celebrando en este tiempo de Pascua.
§ Dios no nos deja desamparados, como no dejó a Jesús en su muerte. El Espíritu, que actúa en nosotros porque nos habita, es el que no confirma en esa constante acción salvífica de Dios. En el Espíritu confirmamos que todo aquello que recordamos de bueno en nuestra vida es acción de Dios, porque el Espíritu nos permite reconocer a Dios en todas las cosas y en todas las personas.
§ Y la actitud que el apóstol Pedro nos invita a tener de sencillez y respeto nos puede ayudar a enfrentar lo no tan bueno, en donde Dios también se hace presente. Si confiamos en el Dios que resucitó a Jesús, confiamos en el Dios que sigue actuando por nosotros, en nosotros y para los otros. No nos va a desamparar en lo difícil y complicado, nos va a acompañar para descubrirle incluso en lo que más trabajo nos cuesta.
Que la oración nos disponga a discernir su presencia también en lo que cuesta y duele, a vivir con sencillez y confianza, y a caminar con la certeza de que Dios no nos desampara, sino que nos acompaña siempre.





