Como colectivo laical deseamos compartir unas palabras en relación a los cien años que se cumplen del acontecimiento cristero en México y así abonar «desde abajo» con un horizonte que nos parece orientador y liberador en estos tiempos: Reconocemos que la memoria colectiva es vital y fundamental en la sociedad, especialmente en una comunidad o grupo de personas que busca ser fiel a su historia y a su identidad.
La memoria hace presente a todas las personas que han dado testimonio de sus convicciones, que otro mundo es posible y que sí se pueden cambiar las cosas si todas y todos nos unimos y nos organizamos en un Espíritu que trabaja cotidianamente por la justicia, la libertad y la paz.
Es común que, en el caso de la Guerra Cristera, se recuerden y se enaltezcan a los mártires que dieron la vida por Cristo como íconos o modelos de esperanza y radicalidad en la vivencia de la fe. La emblemática frase «¡Viva Cristo Rey!» sigue en la memoria colectiva de los cristianos como referente espiritual.
La historia de la humanidad ha estado constantemente marcada por la violencia y el poder. La religión no escapa a esta espiral de la violencia. Es más, la violencia ha sido tan normalizada en la cultura y está tan marcada en nuestro ADN que hay conceptos como «guerra santa» o «legítima defensa» para justificar la necesidad de una violencia justa o razonable cuando se trata de custodiar un legado religioso.
La Cristiada o Guerra Cristera es un claro ejemplo de este fenómeno social que amerita ser estudiado; pero, sobre todo, amerita ser discernido en comunidad y desde diversos matices y perspectivas de las y los laicos, no solamente desde un enfoque institucional o jerárquico, y que estos matices puedan reconstruir integralmente el memorial colectivo sin tapujos ideológicos o itinerarios institucionales que difieren entre sí.
En este sentido, es preciso además actualizar y repensar juntos el concepto de «martirio». Ser mártir en 1926 y serlo en 2026, en definitiva, son cosas muy distintas. La concepción de términos está siempre y en gran parte determinada por la vida social y el contexto histórico de cada época. Dicho esto, no sería válido preguntar si estamos
dispuestos a defender nuestra fe con la misma radicalidad que los cristeros; pues bien, la radicalidad está determinada en parte por la realidad histórica, y si la realidad cambia, entonces cambia también el modo de entregarse por una causa. Más bien, cabría preguntarnos si tenemos disposición a abrirnos a las nuevas formas y posibilidades por las cuales podemos dar el testimonio, no de un Dios que pide heroísmo o que permita una «sangre santa», sino de uno que nos ama y que nos busca siempre desde la vivencia de lo más humano.
Es ahí donde se nos da la posibilidad de romper con la espiral de la violencia. Hermanas y hermanos, precisamente por esto y porque nuestra historia colectiva está marcada por la violencia, el Papa León XIV nos propone una palabra excelsa y que podría incluso sintetizar la Buena Noticia de Jesús: «desarmar» . Hay que desarmar nuestro lenguaje, donde habitan los conceptos beligerantes y conflictivos; hay que desarmar nuestra manera de ver la religión, donde habitan las falsas creencias que condenan y rechazan al otro; hay que desarmar las estructuras de pecado, donde habita el clericalismo, el poder y el abuso de conciencia y sexual; y hay que desarmar las conciencias, donde habita la ceguera ideológica que impide abrirnos a las liberaciones del pueblo y a los procesos personales y comunitarios de liberación.Invitamos a todas las personas de buena voluntad, especialmente a las y los laicos, a conocer y compartir horizontes en torno a lo que ocurrió en la llamada Guerra Cristera, a fomentar espacios de diálogo, conversatorios, a desarrollar actividades o tópicos formativos que inviten a la reflexión, a pensar qué actitudes hay que superar del pasado para encarnar otro modo de dar testimonio fiel del amor de Dios en el mundo, ideológicamente más desarmado y concretamente más creíble.
Estamos convencidas y convencidos de que una comunidad más consciente es una comunidad en proceso de liberación. Si queremos ser fieles a nuestra vocación de laicas y laicos, hemos de tomar distancia de los discursos oficiales para poder discernir qué sí edifica de verdad y qué es simplemente una argumentación movida por una ideología, un interés político o un vocabulario lleno de creencias distorsionadas en torno a la fe, la Iglesia, la religión y la manera de vivir el proyecto de Jesús. Es un tiempo de gracia en el cual las personas seglares estamos llamadas a tomar la batuta, a crecer «en espíritu y en verdad» (Lc.2,52) y juntas y juntos identificar los lugares teológicos en donde se va dando la esperanza de un mundo mejor y de comunidades, creyentes o no, cada vez más desarmadas que renuncien al poder, a la violencia en todas sus expresiones, y que finalmente opten por la vida, especialmente la vida humana, más allá de lo formalmente establecido.
«Si permanecen fieles a mi Palabra, ustedes serán verdaderamente mis discípulos; así
conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn.8,31-32)
Atentamente:
Teología Latinoamericana: Volviendo Al Evangelio, a 5 de agosto de 2026
Firman:
Margarita González Rozada
Carlos Alberto Lozano Dïaz
Daniel Enrique Bastida Contreras MCCLP
CDMX
Ericka Estrada Nava
Fernando Marín Díaz Movimiento Pueblo
Unido
Fray Raúl Vera López OP
G. Yaneth Tobar
Gabriel Herrera Cepeda
Hna. Adriana Eguía-liz Salgado
Jackie Campbell
Jessica Rodriguez Ruiz
Jesús Ramírez Funes Unión de Redes
Solidarias Totoquihuatzin
José Manuel Guerrero Noyola
José Martín González Amaro
José Siancas Gamboa
Juan Manuel Ramírez Funes MCCLP
Bajío
Liliana Vázquez Roa MCCLP
Marco Antonio López Madera
María Del Carmen Díaz Garduño
Rosamaría Hernández Martínez
Carlos A. Ventura Callejas
Juan Manuel García Quintanar
Juan Manuel González (Argentina)
Irma Loya López MCCLP Chihuahua
Carlos Loya López MCCLP Chihuahua
Rubén Sebastián Sánchez Retana, San
José, Costa Rica
Carmen Bastida Contreras. Cooperativa
BanMacondo
Juan Arturo Ramírez Pérez






