
Mucho se recuerda a Francisco como el primer papa latinoamericano, cosa absolutamente cierta. Nacido y crecido en el barrio Las Flores, en Buenos Aires, un barrio de gran identidad porteña.

La Iglesia no puede ser indiferente ni al clamor de la tierra ni al clamor de los pobres. Por eso, el Papa Francisco en su encíclica Laudato si’ de 2015 nos habló de la urgencia de atender la crisis climática como “una sola y compleja crisis socio-ambiental”.

Entre la primavera del Concilio Vaticano II y el pontificado del papa Francisco, hubo para el diálogo interreligioso, según nos dice el teólogo español Victorino Pérez Prieto, un gélido invierno en la iglesia.

La muerte produce siempre un efecto de recapitulación. Es posible que la de Francisco genere una nueva mirada sobre su figura y su significado.Esa mirada, si la construimos o captamos, nos permitirá, quizás, seguir sorprendiéndonos y descubriendo cosas en el futuro. Más allá del Cónclave y del próximo papa, pase lo que pase en el mundo y en América Latina.

Hace diez años, el Papa Francisco nos entregó un grito y una esperanza. No una simple encíclica, sino una hoja de ruta. No un tratado doctrinal, sino un llamado a la conversión más profunda de toda la humanidad. Fue, y sigue siendo, un clamor urgente y profético: Laudato Si’, sobre el cuidado de la Casa Común.

Dios nos escucha. Y cuando le pedimos en nuestras oraciones, un pastor según su corazón, nos mandó, por doce años, a un buen pastor que no se cansó de recordarnos que el nombre de Dios es Misericordia.

Cuando estaba entre mis 30 y mis 40 años de edad tuve neumonía, la enfermedad fue difícil pero la recuperación lo fue aún más, quedé agotada, sin energías, caminaba muy despacio, sentía cierta neblina mental, tardé un buen tiempo en recuperarme, así que, cuando supe que el Papa Francisco tenía neumonía me puse en su lugar, pensé que lo más difícil sería la recuperación posterior porque la edad también cuenta en estas cosas, así que no fue una sorpresa el saber que había fallecido justo después de vivir un día tan agitado como el domingo de Resurrección.

«Nuestro Dios es un Dios de compasión, y la compasión -podemos decir- es la debilidad de Dios, pero también su fuerza … el lenguaje de Dios es la compasión».

Con profundo amor a la Iglesia, les escribimos desde los pueblos de América Latina y el Caribe, mujeres y hombres laicos que, con esperanza vivimos nuestra fe encarnada en la vida cotidiana. Nos dirigimos a ustedes, responsables del discernimiento sobre quién será el próximo obispo de Roma, para expresar nuestro agradecimiento, nuestros anhelos y nuestra oración.

El Papa Francisco nos dejó hace unos días, después de 12 intensos años de pontificado. Sin duda, Francisco fue el papa de mi juventud. Aquel que con su modo de anunciar el Evangelio me hizo preguntarme sobre cómo vivo y entiendo mi fe.