
Conmemoramos en estos meses el primer sínodo general (concilio ecuménico) de los obispos cristianos, realizada hace 17 siglos, en el año de 325, en la asiática ciudad de Nicea.

Dios nos escucha. Y cuando le pedimos en nuestras oraciones, un pastor según su corazón, nos mandó, por doce años, a un buen pastor que no se cansó de recordarnos que el nombre de Dios es Misericordia.

Cuando estaba entre mis 30 y mis 40 años de edad tuve neumonía, la enfermedad fue difícil pero la recuperación lo fue aún más, quedé agotada, sin energías, caminaba muy despacio, sentía cierta neblina mental, tardé un buen tiempo en recuperarme, así que, cuando supe que el Papa Francisco tenía neumonía me puse en su lugar, pensé que lo más difícil sería la recuperación posterior porque la edad también cuenta en estas cosas, así que no fue una sorpresa el saber que había fallecido justo después de vivir un día tan agitado como el domingo de Resurrección.

«Nuestro Dios es un Dios de compasión, y la compasión -podemos decir- es la debilidad de Dios, pero también su fuerza … el lenguaje de Dios es la compasión».

El Papa Francisco nos dejó hace unos días, después de 12 intensos años de pontificado. Sin duda, Francisco fue el papa de mi juventud. Aquel que con su modo de anunciar el Evangelio me hizo preguntarme sobre cómo vivo y entiendo mi fe.

Después de una larga convalecencia, el papa Francisco muere por un derrame cerebral. Poco más de un mes de enfermedades se reveló la débil condición del papa y preparó a laicos, religiosos y clérigos para el final de doce años de pontificado.

Eran las tres de la mañana del primer lunes de Pascua cuando desperté y revisé por inercia mi celular. Tenía una notificación de Google News: «El papa Francisco ha fallecido». Me quitó el sueño por completo.

Las primeras palabras que menciona el papa en el llamado «Nota de acompañamiento del Santo

En este episodio de Ve y diles, inspirados por el Día Internacional de la Mujer, nos reunimos para escuchar las voces de tres mujeres excepcionales que han dedicado sus vidas a la fe y al servicio de los demás.

Llevo doce años escuchando y mirando tu forma de dirigir la Barca de Pedro, y te quiero decir por qué me has incomodado.