
«Me encuentro luchando por mi libertad, porque se haga realmente justicia, porque mi hija sigue

Estar aquí es esperanza, porque vamos sembrar una semilla en sus corazones que va a ir creciendo”, dijo María Herrera, nombrada como una de las personas más influyentes en el mundo, de acuerdo a la revista Times.

Adela no ha parado de buscar a su hijo, a pesar de que ella está en El Salvador, ha hecho todo lo que está en sus manos para dar con Alejandro, que salió de Soyapango a los 18 años porque las maras lo obligaban a unirse con ellos. Alejandro no tuvo otra opción y un día, después del trabajo, huyó sin decirle a su familia, ni a nadie.

El pasado 25 de octubre murió el minero Juan Nieto Albizo en una mina de carbón cerca del poblado llamado La Florida en Coahuila. Tenía 49 años, trabajó por tres años para la empresa Minera Díaz. Sin embargo, en su historial de registro ante el IMSS, en el año 2020 cotizó ocho meses; en el año 2021 cotizó un día y en el presente año 2022 cotizó solamente cinco días antes de morir.

María Herrera Magdaleno tiene cuatro hijos desaparecidos. A Raúl y Jesús Salvador los desaparecieron durante agosto de 2008 en Guerrero; a Gustavo y Luis Armando, en Veracruz durante septiembre de 2010. Desde entonces, busca sin descanso. En mayo de este 2022, esa búsqueda llegó al Vaticano.

El sacerdote jesuita David Fernández Dávalos está convencido de que la represión y la violencia estatal que se iniciaron hace 57 años, en el periodo mal llamado Guerra Sucia, son el germen que ha dado da vida a la violencia que se perpetra en el tiempo presente, en el que se suman más de 106 mil personas desaparecidas en todo el país.

Fundada en 1935, la revista de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús estrena plataforma web, desde la cual quiere expandir sus alcances y llevar buenas noticias a más lugares y comunidades. Para anunciar este nuevo proyecto se organizó una mesa en torno a la pregunta de cómo sostener la esperanza en los tiempos que vive el país.

Llegamos para encontrarnos con el obispo y algunos sacerdotes en una pequeña sala dispuesta para ello. Íbamos acompañando a doña María Herrera. Mamá Mari, como le dicen sus amigas, después de saludar y luego de una larga conversación en tono cercano y cariñoso, cuestionó: «¿Por qué si sabían que iban a tocar el piano se dejaron crecer las uñas?».