Cine por la niñez y la salud

Sergio Guzmán, S.J.

En este mes de febrero el papa León XIV nos invita a orar con él por los niños con enfermedades incurables: «Oremos para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesario, sin perder nunca la fuerza y la esperanza». A la luz de esta intención y del magisterio del papa Francisco recomiendo estas películas para comentar y analizar en nuestras comunidades.

Extraordinario de Stephen Chbosky (EUA, 2017, 113 min.)

August es un niño de 10 años que sufre de una malformación congénita que afecta el desarrollo facial. El niño ha sido sometido a 27 cirugías para poder respirar, ver y oír. August ha crecido en una familia llena de amor y cuidados. Sus padres creen que es momento de que su hijo vaya al colegio. Todo lo que ha querido siempre August es ser un niño como los demás. Emotiva película que nos habla del amor, la enfermedad, la inclusión y cómo enfrentar la adversidad. En este sentido el papa Francisco nos dice: «Merecen una gran admiración las familias que aceptan con amor la difícil prueba de un niño discapacitado. […] La familia podrá descubrir, junto con la comunidad cristiana, nuevos gestos y leguajes, formas de comprensión y de identidad, en el camino de acogida y cuidado del misterio de la fragilidad. Las personas con discapacidad son para la familia un don y una oportunidad para crecer en el amor, en la ayuda recíproca y en la unidad» (Amoris laetitia n. 47).

Bajo la misma estrella de Josh Boone (EUA, 2014, 125 min.)

Hezel Grace Lancaster (Shailene Woodley) es una adolescente que padece de un cáncer terminal. Por insistencia de sus padres asiste a un grupo de apoyo con chicos en su misma situación. Ahí conoce a Augustus «Gus» Waters (Ansel Elgort) con quien empieza una relación que le traerá mucha luz y sentido a su vida. Compartamos nuestros sentimientos después de ver esta historia de amor y reflexionemos en esto que nos dice el papa Francisco: «El Señor nos llama a encender estrellas en la noche de otros jóvenes, nos invita a mirar los verdaderos astros, esos signos tan variados que Él nos da para que no nos quedemos quietos, sino que imitemos al sembrador que miraba las estrellas para poder arar el campo. Dios nos enciende estrellas para que sigamos caminando: ‘Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia, Él las llama y le responden’ (Ba 3,34-35)» (Christus vivit, n. 33). Pensemos también en Jesús quien es, como nos los recuerda el Papa, «la estrella radiante de la mañana» (Ap 22, 16).

La última nieve de primavera de Raimondo Del Balzo (Italia, 1973, 105 min.)

Roberto (Bekim Fehmiu) es un exitoso abogado viudo, padre de un hijo adolescente, Luca (Renato Cestie), a quien no se siente capaz de cuidar él solo. De ahí que lo envía a un internado, sin entender que está aumentando el sufrimiento del muchacho por la ausencia de su madre.  Luca vuelve a casa en las vacaciones de Pascua; va a la playa con su papá y conoce a su nueva compañera, quien reprocha a éste el no cuidar de su hijo. Así, Roberto decide regalarle unos días en las montañas nevadas.  Luca se cae y se lesiona; durante la atención médica descubren que tiene una grave forma de leucemia, que empeora rápido. El chico sabe que no sobrevivirá, y pide a su padre que lo lleve al parque de diversiones a donde siempre había querido que fueran juntos. La película, mostrando las montañas nevadas, evoca la belleza de la vida, la eternidad después de la muerte; la banda sonora toca el corazón del espectador. Nominada como mejor película extranjera (1974), nos recuerda esto: «¡Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! ¡Cuántas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! ¡Cuántas veces, inclinándose ante el necesitado, se descubre el amor!» (Papa Francisco, Mensaje por la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo, n. 3).

Cartas a Dios de David Nixon y Patrick Doughtie (EUA, 2010, 110 min.)

Cartas a Dios o Cartas al Cielo, basada en sucesos reales, nos cuenta la historia de Tyler Doherty (Tanner Maguire), un niño con cáncer terminal que escribe cartas a Dios.

Tyler se enfrenta a la muerte con valor, asumiendo como misión personal difundir su fe cristiana -que le da fortaleza- entre familiares, amigos y extraños. Sus cartas llegan a un cartero, alcohólico, quien al contacto con la fe y la esperanza del pequeño logra transformar su vida y la de su propio hijo, impactando no sólo a su pequeña familia sino a toda una comunidad. El papa Francisco nos dice: «Jesús, cuando envió en misión a los setenta y dos discípulos (Cf. Lc 10,1-9), los exhortó a decir a los enfermos: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’ (v. 9). Les pidió ayudarles a comprender que también la enfermedad, aun cuando sea dolorosa y difícil de entender, es una oportunidad de encuentro con el Señor. En el tiempo de la enfermedad, si por una parte experimentamos toda nuestra fragilidad como criaturas -física, psicológica y espiritualmente-, por otra parte sentimos la cercanía y compasión de Dios que en Jesús ha compartido nuestros sufrimientos. Él no nos abandona y muchas veces nos sorprende con el don de una determinación que nunca hubiéramos pensado tener, que jamás hubiéramos hallado por nosotros mismos» (XXXIII Jornada Mundial del Enfermo, n. 1).

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