Un agustino sucede a un jesuita

León XIV asume enriquecida y creativamente a Francisco

E

l 21 de abril de 2025 fallecía el papa Francisco. Su legado es reconocido por muchos como muy significativo, y su impacto internacional —particularmente en los últimos años de su pontificado con sus trascendentales viajes a países como Iraq, Japón, Sri Lanka, Emiratos Árabes Unidos y países del este ortodoxo— dejó una huella que al mismo tiempo abrió caminos para el futuro de la Iglesia católica.

Este artículo pretende en el fondo responder, con las evidencias con las que contamos a menos de un año de la elección de Roberto Prevost como papa León XIV, a la pregunta sobre las continuidades o discontinuidades que podemos vislumbrar en el desempeño del nuevo pontífice.

Un análisis rápido permite descubrir muchas más coincidencias entre Francisco y León XIV que divergencias, más allá de los acentos y estilos personales que empieza a imprimir el papa norteamericano. Las coincidencias las podemos encontrar en los siguientes aspectos: 1) Avanzar hacia la unidad de las iglesias; 2) intensificar del diálogo interreligioso; 3) profundizar en el trabajo por la paz; 4)  subrayar la trascendencia de la solidaridad con los pobres; 5) ampliar la evangelización; 6) fortalecer los requisitos para el testimonio creíble de la Iglesia; 7) arraigar el estilo sinodal en la Iglesia; 8) continuar con la protección del medio ambiente, y 9) retomar creativamente el Vaticano II. La limitación de extensión de este artículo no nos permite abordar todos estos asuntos con suficiente profundidad. Por ello, escogeremos los cuatro primeros para nuestro acercamiento.

1. Avanzar hacia la unidad de las iglesias

Bartolomé I, actual patriarca ecuménico de Constantinopla, había invitado al papa Francisco para 2025 a conmemorar el 1,700 aniversario de la celebración del Concilio de Nicea. Bergoglio se mostró muy interesado y manifestó su deseo de efectuar este viaje en la audiencia con la delegación de Bartolomé I el 28 de junio de 2025. Sin embargo, sabemos que Francisco no lo pudo realizar por su partida a la casa del Padre. Pero el patriarca ecuménico, conociendo la trascendencia de esta visita para seguir avanzando en la unidad entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas, reiteró la invitación a León XIV. En su declaración pública, recordó la profunda amistad que guardó con Francisco, la estrecha colaboración que tuvo con él, y subrayó los logros que alcanzaron para activar los esfuerzos para la protección del medio ambiente, el diálogo teológico entre la ortodoxia y el catolicismo, así como la importancia del entendimiento de las Iglesias cristianas en beneficio de la humanidad. Expresó su firme intención de viajar a Roma para la entronización del nuevo pontífice y para invitarlo a celebrar los 1,700 años del Concilio de Nicea.

Foto: © Miguel White, Cathopic

León XIV respondió positivamente a este llamado, y los pasos que dio en esta dirección fueron muy significativos. No sólo aceptó la invitación, sino que su primer viaje internacional a Turquía y al Líbano tuvo como horizonte esta celebración y la posibilidad de aprovecharla para avanzar en el diálogo ecuménico. Así, escribió la Carta Apostólica In unitate fidei (IUF), en la que hace una recuperación histórica del Concilio Ecuménico de Nicea en el contexto del siglo IV y destaca elementos teológicos esenciales de los acuerdos a los que se llegaron, como la importancia de la persona de Jesucristo para que el ser humano recuerde su origen y destino divino, ya que la existencia humana «está inquieta hasta que reposa en Dios» (IUF 7). Si el Credo niceno–constantinopolitano llegó a ser un vínculo de unidad entre Oriente y Occidente (IUF 8), ahora sigue siendo un llamado a la reconciliación para todos los cristianos del mundo (IUF 12) y nos lleva a hacernos, como seres humanos, una pregunta que sigue siendo actual: ¿qué significa Dios para mí y cómo doy testimonio de Él? (IUF 10). Todo ello nos invita también a amarnos unos a los otros, como Dios nos ha amado con todo su ser (IUF 11).

Las intenciones de trabajar por la unidad cristiana que vienen plasmadas en la Carta Apostólica In unitate fidei se concretan en muchos eventos anteriores y posteriores a este viaje a Turquía y Líbano en los que ha participado el papa León XIV: en su discurso a delegaciones ecuménicas e interreligiosas el 19 de mayo de 2025; en la visita que le hizo Bartolomé I al día siguiente; en su discurso a los participantes en la peregrinación ecuménica ortodoxa–católica en Estados Unidos el 17 de julio de 2025; en su discurso a miembros de la Iglesia católica en la Catedral del Espíritu Santo en Estambul el 28 de noviembre de 2025. Y así ha sucedido en muchos de los encuentros que ha tenido, tanto en el mundo católico como en las visitas donde promueve el diálogo y la reconciliación entre las Iglesias cristianas.

2. Intensificar el diálogo interreligioso

Conocemos los esfuerzos del papa Francisco por entablar diálogo y entendimiento con las otras religiones. Destacan, entre estos esfuerzos, sus visitas a la sinagoga de Roma el 17 de enero de 2016; el encuentro con el Gran Imán de Al–Alzar, Ahmad Muhammad Al–Tayyib el 23 de mayo de 2016, con quien realizó y firmó el Documento sobre la Fraternidad Humana —que busca contribuir a la paz mundial y a la convivencia común— el 4 de febrero de 2019; el viaje a Tailandia y Japón del 19 al 26 de noviembre de 2019, donde, además de animar a la minoría de cristianos en esos países, procuró mejorar el diálogo interreligioso para promover la paz en el mundo, y el osado viaje a Iraq, donde pretendió reforzar los lazos con los musulmanes chiitas a través del encuentro con el gran ayatola Ali Al–Sistani el 6 de marzo de 2021, y en el que Francisco destacó la importancia de la colaboración entre las comunidades religiosas para que, en un ambiente de respeto y diálogo, contribuyeran al bien de Iraq y de la humanidad.

León XIV retomó estos deseos e iniciativas y emprendió desde muy iniciado su pontificado los encuentros interreligiosos. En la preparación de su visita a Turquía y Líbano, en su discurso frente a las delegaciones ecuménicas e interreligiosas, asumió los esfuerzos de Francisco en favor del diálogo interreligioso y destacó, de sus pretensiones, la necesidad de promover la cultura del diálogo como camino, la colaboración común como conducta, y el conocimiento recíproco como método y criterio (como las expresó Francisco en el Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común).

En ese mismo discurso, León XIV recuperó la importancia del diálogo con judíos y musulmanes, y estimó que cada comunidad ha de aportar lo suyo para el bien de la humanidad y el cuidado de la Casa Común. En su discurso a los miembros de los movimientos populares y asociaciones que dieron vida a «Arena de la paz», el 30 de mayo de 2025, resaltó el testimonio de un israelí y un palestino, que perdieron a sus familiares a manos de Hamás y del ejército israelí —respectivamente—, y que ahora trabajan juntos por la paz entre sus países. Asimismo, en su visita al Líbano, en su discurso a las autoridades civiles del país —que contó con la presencia de importantes personalidades políticas musulmanas, una de ellas representante de los musulmanes sunnitas (el primer ministro) y la otra miembro de la comunidad musulmana chiita (el presidente de la Cámara de Diputados)— les reafirmó el deseo de los católicos de contribuir a la construcción de la nueva República y a considerar la colaboración común para contribuir al bien del país. Además, propuso que la compasión y la solidaridad —en particular con los más pobres— sean consideradas criterios de desarrollo.

«La paz trae la experiencia de que Dios está con nosotros, de que nos ama incondicionalmente, de que no fue vano el combate de Jesús».

León XIV destaca la importancia de fortalecer el diálogo interreligioso y la colaboración común también en el ámbito católico. Como ejemplos, tenemos su insistencia en promover, como Iglesia, la unidad y el amor entre hombres y mujeres en el 60 aniversario de Nostra Aetate, el 28 de octubre de 2025, con el desafío de despertar el sentido de humanidad y de lo sagrado y, como dijo Francisco a los jóvenes el 13 de septiembre de 2024, de ayudar a nuestros contemporáneos a caer en la cuenta de que «Dios es Dios de todos».

Recuperamos su discurso a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos presentes en la Plaza de los Mártires en Beirut el 1 de diciembre de 2025, donde recordó al papa Benedicto XVI, quien enfatizó que la vocación universal de la Iglesia exige el diálogo con los miembros de otras religiones y que, en Oriente Medio, este diálogo se funda en los lazos históricos que unen a los cristianos con judíos y musulmanes. León XIV estima que podemos encontrar esperanza y aliento viendo lo que nos une: nuestra humanidad común y nuestra creencia en un Dios que es amor y misericordia.

3. El trabajo por la paz

Los intentos del papa Francisco para contribuir a la paz regional y mundial fueron ingentes. Contribuyó con numerosos discursos y documentos, entre los que destacan Fratelli tutti, Laudato si’, sus Mensajes para la Jornada Mundial por la Paz y el Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común. Utilizó además la vía diplomática para acercar a Estados Unidos y Cuba, e intentó mediar en los conflictos entre Rusia y Ucrania. Por otra parte, promovió el diálogo intergeneracional, la educación y el trabajo como caminos para alcanzar una paz duradera. Organizó e impulsó también numerosos encuentros ecuménicos e interreligiosos para contribuir a la reconciliación y al entendimiento a través del diálogo y la colaboración común. Ha sido considerado por muchos un «mediador global por la paz».

Los esfuerzos por la paz no son ajenos a León XIV, particularmente en medio de las situaciones de guerra que el mundo atestigua en estos momentos de la historia. El papa agustino no sólo los retoma, sino que insiste en ellos y revela esta preocupación de diferentes maneras. Reitera a la Iglesia y al mundo la necesidad de contribuir a la paz en diferentes instancias: a obispos nuevos y viejos de países de misión (11 de septiembre de 2025); a los jóvenes en su jubileo (29 de julio de 2025) para que sean signos de esperanza en esta lucha por la paz; a las autoridades civiles de Beirut para que, aprovechando la resiliencia del pueblo libanés, trabajen por la paz a través de la reconciliación (30 de noviembre de 2025); a los obispos y agentes pastorales también de Beirut para que musulmanes y cristianos trabajen en común por medio de la caridad (1 de diciembre de 2025).

Su preocupación por la paz es alimentada por lo que llamaríamos una «pieza espiritual de la paz», y que vemos reflejada en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz el 8 de diciembre de 2025. Con la inspiración de san Agustín, reflexiona sobre la paz no como un sentimiento o un estado irénico de serenidad y estabilidad, sino como la fuerza interna que hemos recibido de Cristo como fruto de haber tenido la experiencia con Él, que supera toda desesperanza y angustia al haber vencido al miedo y a la misma muerte. La paz trae la experiencia de que Dios está con nosotros, de que nos ama incondicionalmente, de que no fue vano el combate de Jesús —ni de los cristianos— contra el mal, y que sigue valiendo la pena la lucha por la implantación del Reino de Dios en este mundo.

4. La preocupación por los pobres

Muy conocida y extendida es la solicitud que tuvo el papa Francisco por los pobres, a quienes ubicó como centro de inspiración de su pontificado. Además de promover una Iglesia pobre y de los pobres, criticó la «cultura del descarte», insistió en acciones eclesiales a favor de los pobres desde una «Iglesia en salida» hacia las periferias existenciales y estableció, entre múltiples iniciativas, la Jornada Mundial de los Pobres, una jornada anual para que la Iglesia no se olvide de los necesitados y escuche su grito y su dolor.

León XIV no es ni mucho menos ajeno a esta preocupación. Como muestra fuerte y profunda de la continuación de esta herencia del papa jesuita, León publica la exhortación apostólica Dilexi te (DT). El papa agustino confiesa que esta encíclica estaba siendo preparada por su predecesor en continuidad con Dilexit nos (DN), documento en el cual Francisco reflexionó sobre el amor divino y humano del Corazón de Cristo. En DT, el pontífice argentino preparaba lo que él consideraba que debía ser el cuidado de la Iglesia por y con los pobres, pero su repentino deceso interrumpió este trabajo. León XIV lo retoma y completa «con algunas reflexiones» (DT 3). La riqueza de este documento radica en un largo recorrido histórico de la solidaridad y el compromiso con los pobres por parte de la Iglesia desde su fundación. En este repaso, parte del amor de Dios por los pobres, fuente de la acción de la Iglesia a favor de ellos, y luego desglosa el vínculo inseparable de nuestra fe y los pobres. Menciona a numerosos Padres de la Iglesia (DT 39–51) que tuvieron iniciativas organizadas —como la Basileada— para su atención y cuidado, y que denunciaron estructuras de acumulación de su tiempo; a fundadores e integrantes de la vida monástica (DT 52–58) que no sólo ayudaban a los pobres, sino que vivían cercanos a ellos; a órdenes religiosas (DT 59–62) que atendieron distintas poblaciones marginadas y cuya acción actualizada sigue vigente (trinitarios, mercedarios); a órdenes mendicantes (DT 63–67), cuyos miembros, además de servir a los pobres, se hicieron pobres ellos mismos (franciscanos, dominicos agustinos); a órdenes que ligaron el servicio eclesial con la educación de los pobres (DT 68–72): escolapios, lasallistas, maristas, salesianos, ursulinas; a órdenes de fundación más reciente que atendieron la necesidad de migrantes y de los más pobres entre los pobres (scalabrinianos, hermanas de la caridad, hermanitos de Jesús; DT 73–79). Y también a movimientos populares que no sólo se hacen solidarios con los pobres, sino que luchan por erradicar las causas estructurales de la pobreza (DT 80–81).

Esta recuperación no podía dejar de lado la labor del Magisterio (DT 82–89). Éste, a través de la llamada Doctrina Social de la Iglesia, ha sido fuente de enseñanzas en relación con los pobres. Esta doctrina comenzó con Rerum Novarum (León XIII, 1891) y se fortaleció por documentos pontificios —entre los cuales destacan Mater et magistra (Juan XXIII, 1961), Populorum progressio (Pablo VI, 1967), Laborem Exercens (Juan Pablo II, 1981) y Caritas in veritatae (Benedicto XVI, 2009)— y documentos de Conferencias Episcopales —sobresale la Conferencia Episcopal Latinoamericana con los documentos de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007)—. Estos últimos abundan sobre el compromiso de la Iglesia a favor de los pobres, por su liberación integral y por la resolución de las causas de la pobreza (DT 90–98). No es superfluo mencionar que el documento de Aparecida retoma a los pobres como sujetos capaces de crear su propia cultura, hace énfasis en que sean vistos en su bondad propia y en que nos dejemos evangelizar por ellos, dimensión que descubrimos cuando vivimos con y como ellos (DT 101–102).

Esta recuperación histórica y la variedad de riquezas espirituales, apostólicas y humanas que rescata el documento se ven plasmadas en las diferentes exhortaciones que hace León XIV a personas, congregaciones religiosas, autoridades civiles y tradiciones religiosas no cristianas. El papa agustino estima que la atención a los pobres, la búsqueda de la eliminación de la exclusión y la lucha contra la injusticia de una sociedad y de un sistema que descartan a los más pequeños son mediaciones esenciales para construir la paz, unir los esfuerzos de religiones, comunidades diversas y estados para crear un mundo más humano y fraterno, independientemente de su credo, raza, origen, edad, historia o condición social, económica o cultural. Con todo, León anota que este compromiso debe de estar animado por el amor, y no desde ideologías que estén contaminadas de intereses personales. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Síguenos en nuestras redes sociales
Suscríbete al boletín semanal