A una semana de haberse realizado el segundo Diálogo Nacional por la Paz en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), el encuentro que reunió a más de mil 200 personas dejó sobre la mesa una pregunta urgente: ¿cómo construir un país menos violento en medio de una crisis que sigue marcando la vida de miles de familias?
Personas de la sociedad civil, representantes parroquiales, autoridades eclesiales y laicas, así como rectores de universidades jesuitas, se dieron cita para dialogar sobre el fortalecimiento de estrategias de paz en los territorios, así como sobre rutas para la seguridad, la justicia y la recuperación del tejido social, a partir del diálogo, la participación comunitaria y la corresponsabilidad institucional.
El evento abrió con una lectura crítica del momento que vive el país, marcado por la violencia, la impunidad y el debilitamiento del tejido social. Se colocó en el centro la urgencia de mirar de frente esta crisis y asumirla como una responsabilidad compartida. En ese sentido, se subrayó que la construcción de la paz exige memoria, verdad y justicia como condiciones indispensables para imaginar un futuro distinto, y se hizo un llamado ético que interpela tanto a las instituciones como a la sociedad.
«México está convocado hoy a una responsabilidad social histórica, a la altura de la esperanza que late en nuestros corazones», afirmó el padre Luis Gerardo Moro Madrid, provincial de la Compañía de Jesús en México, al subrayar que la paz requiere un compromiso constante.
Asimismo, la hermana Juana Ángeles Zárate Celedón, en representación de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México, señaló que «la violencia en México es el resultado de decisiones, de omisiones y de silencios prolongados durante demasiado tiempo». Recordó que por años se ha escuchado «el miedo, la rabia, la frustración sin salida» e invitó a actuar y asumir tareas concretas, insistiendo en que «sin paz no hay futuro».

Foto: Jesuitas México
El segundo día del encuentro se orientó hacia la acción. Se compartieron metodologías y rutas de trabajo que buscan transformar los territorios desde la participación ciudadana y la corresponsabilidad entre distintos sectores. La apuesta fue clara: «la paz no puede depender únicamente del Estado», sino que requiere procesos locales capaces de reconstruir relaciones sociales y generar condiciones de seguridad desde lo cotidiano. En este marco, el diálogo permitió compartir experiencias y articular esfuerzos para responder colectivamente a la pregunta sobre qué hacer frente a la violencia.
Mauricio Merino, académico e investigador, cuestionó el origen de la violencia en México e hizo una invitación a actuar y a «exigir ser vistos», como una vía para enfrentar problemas estructurales como la impunidad, la inseguridad y la fragmentación comunitaria.
El encuentro cerró con un llamado a imaginar el Estado que México necesita para recuperar la paz, destacando: 1) la urgencia de integrar a las juventudes, 2) la necesidad de sanar la herida de las personas desaparecidas y 3) el reconocimiento de que la responsabilidad social es compartida. Las conversaciones se enfocaron así en la construcción de acuerdos y en la idea de un país posible. El diálogo no solo miró el presente, sino que buscó trazar rutas nacionales para avanzar en compromisos ya asumidos, articular iniciativas, replicar buenas prácticas y sostener el diálogo como herramienta para reconstruir el país.
En ese sentido, monseñor Ramón Castro Castro, presidente del Episcopado Mexicano, recordó que «la paz no se improvisa: nace de una responsabilidad histórica que exige escuchar la realidad, discernir juntos y actuar con compromiso».
El prelado subrayó que la paz «requiere un método encarnado: mirar, interpretar y actuar, con escucha real del territorio, discernimiento compartido y acción corresponsable. No gestos aislados, sino procesos de largo plazo, esperanza organizada y compromiso perseverante».
El reto ahora será convertir estas conversaciones en acciones sostenidas que fortalezcan cada territorio y permitan reconstruir la confianza social, recordando que solo a través de esfuerzos compartidos es posible aspirar a un país más justo, seguro y en paz.






