
La fe humana comienza con una experiencia de sobresalto ante una presencia distinta a la mía con la cual me puedo reconocer.

Mi historia con Pedro Claver se remonta al noviciado, cuando conocí su historia y el contexto en el que llegaban los esclavos desde el Continente Africano

«Me levantaré y volveré a mi Padre».

«Tú eres, Señor, nuestro refugio».

En escritos anteriores he mencionado los cambios sociales que suelen describirse como un «mundo líquido», en palabras de Zygmunt Bauman, y que resultan posiblemente confusos para muchas personas.

En los años de formación se nos hablaba de celo apostólico. Este término refiere a un ardor que moviliza a ir más allá apostólicamente, a llevar el evangelio más allá de las fronteras.

«Dios da libertad y riqueza a los cautivos».

En anteriores entregas comentamos que los Ejercicios Espirituales de san Ignacio son una didáctica espiritual para reconocer nuestra identidad personal en Cristo y vivirla a plenitud.

Desde mi niñez, cada vez que subo montañas o me interno en espacios con poca intervención humana siempre me acompañan dos sensaciones: por un lado, la de asombro ante la majestuosidad y la belleza de la naturaleza, y, por otro, la de ser muy pequeño y vulnerable ante la inmensidad que me rodea. Esta mezcla afila mi atención y me carga de vitalidad.

«Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio».