«El Sábado Santo representa un profundo silencio teológico y existencial, es un tiempo de silencio, duelo y plegarias, caracterizado por la solidaridad de Dios con las víctimas inocentes de la historia. Más allá de la tradición, este día simboliza la resistencia de la esperanza en momentos de crisis, inseguridad y desesperación, marcando el camino de la no violencia como respuesta al mal. Pero en este silencio, hay una gran esperanza, aunque Dios calla, quiere que su Hijo sea la última víctima inocente de la historia. Papá Dios aguanta y levanta a su Hijo y con él, levanta a todas las victimas que habrían muerto en la historia clamando al cielo».
Arturo González González, S.J.







