
El Sábado Santo representa un profundo silencio teológico y existencial, es un tiempo de silencio, duelo y plegarias, caracterizado por la solidaridad de Dios con las víctimas inocentes de la historia.

En algún momento de nuestro seguimiento del Señor experimentaremos una muerte, la lejanía de un motivo para seguir esperando, la desilusión de nuestra confianza o la vulnerabilidad que monopoliza nuestra perspectiva.