Maricruz Trigueros: una fe por la justicia y la paz

Maricruz Trigueros Manzo es originaria de la ciudad de México. Es psicóloga de profesión y actualmentea responsable de la agenda de justicia, paz e integridad de las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús en México. Radica en Tijuana, ciudad fronteriza con San Diego, California, principalmente acompañando a las poblaciones de personas migrantes y refugiadas. Entró a su congregación hace poco más de 20 años, donde inicialmente tuvo oportunidad de participar en labores pastorales y de educación popular. Para ella su deseo era «colaborar en la construcción del Reino y ser feliz con los demás».

A Maricruz le interesa dar voz a las mujeres menores de edad, generando espacios donde puedan compartir sus sueños, expresar cómo se ven a sí mismas y hablar sobre el futuro que desean construir. Uno de los foros más significativos que promueve Maricruz en su congregación es la conmemoración del Día Internacional de la Niña, celebrado cada 11 de octubre, y que se lleva a cabo en las oficinas de las Naciones Unidas, en Nueva York. Maricruz cuenta que ese día organizaciones de la sociedad civil y defensoras de los derechos humanos hacen declaraciones y pronunciamientos dirigidos a gobiernos, exigiendo el pleno reconocimiento de los derechos humanos de las niñas y adolescentes. Para ella, escuchar las voces de decenas de niñas y visibilizar sus realidades es una forma de transformar el presente y construir un futuro más justo.

Desde el año 2000 su congregación, con presencia en más de 40 países, participa activamente en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas. Desde ahí, Maricruz y otras compañeras suyas colaboran en la construcción de paz, la promoción de la justicia y el cuidado ambiental. Su objetivo es fortalecer y abordar esas temáticas a escala global para conectarlas con los territorios en los que tienen presencia. El objetivo de Maricruz es incidir en la Organización de las Naciones Unidas (ONU): conectar lo local con lo global, de manera que «las pequeñas cosas que pasan en la comunidad, en el barrio, y con las personas, se sepan no sólo como datos o cifras, sino como historias reales y rostros que puedan llegar a otro nivel». Con ello, añade, se busca «impulsar y dar vida, sumarnos y unirnos en lo local».

Foto: © Maricruz Trigueros

En 2024 Maricruz participó en el Foro Político de Alto Nivel para el Desarrollo Sostenible, representando a su congregación en la Coalición de Religiosos por la Justicia y también como integrante de la sociedad civil mexicana, junto con My World México. Durante el informe de México, Maricruz detectó una necesidad urgente: trabajar más profundamente en temas de paz y justicia, y en la creación de instituciones sólidas. Aunque el informe presentado por el Estado mexicano los abordó, lo hizo de manera superficial a través del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, enfocado en aumentar la escolaridad juvenil y su ocupación laboral. Para la religiosa, aunque este programa es positivo, no forma parte de la Estrategia de Seguridad Nacional. En ese sentido, resalta que el Estado mexicano «no está dando los resultados que la sociedad y la ciudadanía esperarían: vivir en un lugar en paz, un lugar seguro. Sobre todo, señalamos la cantidad de asesinatos que a lo largo de este tiempo se han dado». En la misma sesión, la sociedad civil resaltó las alarmantes cifras de candidatos asesinados durante la contienda electoral de 2024, una situación que evidenció la fragilidad de las instituciones de seguridad en México.

«Maricruz y otras compañeras suyas colaboran en la construcción de paz, la promoción de la justicia y el cuidado ambiental».

Una fe activa

Maricruz explica que el trabajo en la ONU tiene un carácter sinodal, ya que siempre se trabaja en grupo con otras congregaciones religiosas, organizaciones laicas y de la sociedad civil; con ellas y ellos buscan «caminar juntos y levantar la voz unidos». A través de lo colectivo, agendas de pobreza y desigualdad toman relevancia, pues no tendrían el mismo impacto al hacerlo en lo individual. Para la religiosa muchas veces las voces de las personas en situación de pobreza «no son suficientemente escuchadas»: «Yo creo que este trabajo, desde las Naciones Unidas y de los grupos que están alrededor, es visibilizar tales situaciones; es escuchar estas voces de distintas maneras. Es decir, invitar a gente a que dé su testimonio y directamente vaya a Nueva York y se siente en esa silla y hable en ese micrófono».

En el marco del Foro Permanente de Pueblos Indígenas, su congregación ha invitado a representantes de pueblos originarios para exponer sus problemáticas y su visión por el respeto a su cultura. También resalta que, desde la mirada religiosa, este trabajo lo hacen como un llamado concreto de fe, convencidas de que «la justicia y la paz van de la mano». Siguen el espíritu del papa Francisco en Laudato Si’, encíclica en la que insiste en que «todo está conectado» y que como Iglesia se debe caminar en conjunto y desde las periferias.

Maricruz reconoce que los desafíos son enormes: la violencia generalizada, la pobreza, la desigualdad y el deterioro ambiental son problemáticas interconectadas que requieren atención inmediata. Por ello, su congregación, desde su labor pastoral, impulsa proyectos para reconstruir el tejido social por medio del trabajo con escuelas públicas y ludotecas para ofrecer a niñas, niños y adolescentes una forma de educación complementaria que fortalezca su desarrollo.

La desigualdad es un tema que cuesta visibilizar, ya que «está presente en nuestro país y a la vez está normalizada hasta cierto punto», menciona Maricruz. Señala que en la sociedad se han normalizado las diferencias de clases sociales «como si fueran algo inevitable», pero que en realidad deberíamos luchar por un acceso más equitativo para todas las personas. En esa línea, subrayó la importancia de analizar la raíz de la desigualdad, como la falta de acceso a la educación y los servicios de salud. Alejarse del «desarrollismo» para, más bien, acercarse a un «desarrollo sostenible» que haga posible una vida digna para las personas a largo plazo.

Frente a ello, explica que gran parte de su labor se centra en la educación y la formación, trabajando con niños, niñas y jóvenes, especialmente con mujeres. A través de grupos de reflexión buscan generar pensamiento crítico, analizar la realidad y, sobre todo, promover soluciones colaborativas que permitan asumir responsabilidades compartidas. A eso lo llama una «fe activa»: vivir la fe comprometiéndose con mejorar el mundo.

La entrevistada compartió dos iniciativas en relación con la construcción de paz de su congregación, las cuales dio a conocer durante su participación en Nueva York: 1) Murales comunitarios en espacios públicos de San Mateo Cuanalá, Puebla, para promover la paz y el sentido de pertenencia, y 2) un programa de reconstrucción del tejido social, enfocado en fortalecer los vínculos comunitarios y restaurar la confianza entre las personas en León, Guanajuato.

Al terminar, Maricruz agregó que continúan desarrollándose distintas iniciativas a través de la Coalición de Religiosos por la Justicia, que abarca América Latina, el Caribe y Estados Unidos. Explicó que recientemente se reunieron en Colombia para lanzar propuestas concretas y sencillas, enfocadas en la formación y en mantener la atención en los temas que preocupan a las comunidades. Estos proyectos pretenden dar voz a los que trabajan en la vida religiosa del continente, incluyendo la participación y el testimonio de mujeres religiosas que viven la misión acompañando a migrantes y refugiados en distintos territorios.

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