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Intersecciones entre espiritualidad, sanación y psicoterapia

Cuando hablamos de psicoterapia, sobre todo las personas que estamos en una relación cercana a esta labor, usualmente nos enfocamos en las técnicas, los modelos o las perspectivas que nos permitirán lograr el cambio en el consultante. 

No es común que se aborde el efecto de la sanación o el cambio de la dolencia psicológica desde el aspecto espiritual, esto se pudiera entender como una creencia de otro ámbito que habrá que integrar solamente como un recurso más para lograr el bienestar. 

Además, la psicología busca apoyarse en el método científico, el cual ha dado respuesta a muchas interrogantes. En sus inicios René Descartes pretendió enfocarse únicamente en la res extensa (mundo material) y dejar de lado la res cogitans (mundo mental), lo que ocasionó el relego del mundo emocional o intuitivo y la mitología o las explicaciones desde las tradiciones espirituales.  

Siguiendo esta línea del trabajo de la ciencia, en estas sociedades de conocimiento en que la estadística quiere dar cuenta de los fenómenos, las necesidades de respuesta ante el misterio de la vida o la muerte se reducen como asuntos del proceso de la vida biológica o se buscan lugares especializados para experimentarlos como la terapia intensiva en los hospitales en el caso de la muerte. 

Esto afecta la forma en como construimos nuestra identidad y también como se construyen los diagnósticos psiquiátricos, como la depresión o los trastornos alimenticios, vinculados con ciertas dinámicas como las altas exigencias de consumo o presión por alcanzar ciertas comodidades en un mundo pragmático, enfocado en lo material, donde ambos padres tienen que trabajar y modelan dinámicas desgastantes para sus hijos.   

El problema es que hemos dejado de lado la construcción consciente y comunitaria del sentido de la vida o la conciencia del misterio que implica el estar vivos y sólo respondemos a lo inmediato de manera individualista.  

Y ante esta dinámica, ¿qué ofrece la vida espiritual ante el sufrimiento psicológico? 

De entrada, las experiencias relacionadas con la vida espiritual son comunes en diferentes culturas, y se ligan al fundamento de su religión y no necesariamente a los deberes basados en el miedo, que corresponden más a una necesidad de vínculo social y no una relación con lo trascendente, como puede ser una consolación profunda, una intuición o certeza sobre alguna acción a realizar, una respuesta ante el sentido de la vida, entre otros. 

Hay varias visiones similares en las tradiciones espirituales enfocadas en el bienestar, como la que propone el Papa Francisco a través de su encíclica Frattelli Tutti, al pensarnos y vivirnos humanos como hermanos y hermanas.  

En la religión del Santo Daime, en Brasil, Antonio Gómez reza lo siguiente: “La ilusión es riqueza que no engrandece a nadie, antes lo que hace, es quitar el valor que la gente tiene”, y en una línea similar el Tata Keri Rubén Sánchez, desde la tradición purépecha, hace una relación entre los estados modificados de conciencia y el crecimiento personal, subrayando el orden con base en la parábola de Jesús “darle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, y menciona el seguir la luz como una propuesta del ser humano en la que asume sus bajas pasiones, se hace responsable de su evolución y busca lo mejor para la gente que le rodea. Y los jesuitas, dentro de la dedicación y el estudio junto con su práctica del silencio, reconocen el orden de las pasiones como un modo de estar mejor con Dios y con la comunidad que se convive. De manera sencilla, basados en los Ejercicios Espirituales, relativizan el mundo material y se abren a una experiencia de consolación sin pretender explicarla o controlarla sino en un acto de humildad, de escuchar y saberse criaturas. 

Estas visiones relativizan las dinámicas desgastantes, nos permiten ser críticos desde una perspectiva de un mundo superior o un mundo más evolucionado como es el espiritual. No pretenden dar cuenta de un análisis complejo y teóricamente correcto, sino tener ideas y prácticas que nos permitan sentirnos amados o amadas y utilizar nuestras capacidades para un bien mayor. 

¿Y la psicoterapia? 

Como lo comenté al principio, la psicoterapia se apoya en la lógica y el conocimiento científico para lograr el bienestar y evitar la ilusión o superar las trampas del sentido común o pensamiento simple, como el pensar en la repetición de una misma frase “positiva” como la mejor y única opción para superar los pensamientos negativos o el malestar emocional. 

En su esfuerzo por dar cuenta de este conocimiento corren el riesgo de alejarse de la sabiduría de las tradiciones o llegan a reducir algunas prácticas espirituales, como el budismo zen, en una técnica sin una relación con lo trascendente, como pudiera ser el uso inadecuado del “mindfulness” (que confunde a las personas, creyendo que las tradiciones son parafernalia de un conocimiento más simple).  

Siendo así, la propuesta al combinar ambos ámbitos es permitir que las personas reflexionen desde sus experiencias consoladoras o desoladoras con este mundo superior, distinguir el cariño y el afecto con una aceptación de su proceso de vida y desde este lugar cuestionar sus decisiones. 

La combinación entre las consolaciones espirituales y los procesos psicológicos también nos permite pausar la dinámica social que se aleja de nuestras necesidades o nuestra integridad (al asumirnos como objetos de consumo o consumidores en potencia y de igual manera construimos nuestras relaciones) y nos acercamos más a un agradecimiento, a arriesgarnos a tomar decisiones o actos, aunque sean pequeños, a favor de la justicia y la dignidad, a construirnos en comunidad sana. 

Los papás y las mamás con un trabajo espiritual profundo tienen más fortaleza para acompañar en las diferencias con sus hijos, escuchar sus necesidades y sobre todo atenderse a sí mismos para no cobrar la deuda a sus hijos o mantener la culpa por no ser “buenos padres o buenas madres”. Y los hijos tienen la posibilidad de ser respetuosos, de conocer formas de expresar sus inquietudes y a pensar en una experiencia invisible e inefable que influye en su mundo. 

Es un reto y es necesario asumir que la verdadera práctica de las tradiciones es un recurso para la psicoterapia, y también es una experiencia llena de posibilidades cercanas a la plenitud para la vida de las personas, con este mundo de ilusión que nos confunde y nos desliga de nuestra trascendencia. 

4 comentarios

    1. Hola Salvador. Al inicio de la nota encontrarás cinco iconos en verde, hay uno con forma de impresora, ahí puedes descargar versión en PFD. ¡Saludos!

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