Hermanos sabiéndose hermanos

Una invitación al ecumenismo de sangre

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os vientos del ecumenismo soplan con fuerza desde las salas del Vaticano II. A meses del inicio de su pontificado, León XIV ha mostrado continuidad con sus predecesores respecto del interés y la importancia del ecumenismo. Roberto Carlos Ábrego forma parte de la Iglesia anglicana en la diócesis de Europa, en Alemania, pero ha experimentado en carne propia el ecumenismo al provenir de una familia con raíces en distintas iglesias y al haberse formado en la Compañía de Jesús.

Elías González Gómez (EGG): ¿Cuál ha sido tu recorrido espiritual y tu experiencia dentro del ecumenismo, particularmente en la Iglesia católica y la anglicana?

Roberto Carlos Ábrego (RCA): No hay ecumenismo sin convivencia. Es probable que la experiencia de unos pueda ser diferente a la de otros en el camino ecuménico. Algunos estiman más las diferencias, otros tienen el interés de vivir ambas espiritualidades. Mi camino ha sido más la experiencia «puente» que hallándome en la órbita de la universalidad de la Iglesia, lo cual me ayuda a ser canal de comunicación, experiencia y diálogo permanente. Desde el seno familiar he vivido esta particularidad: por el lado paterno, con una familia profundamente católica romana (con sacerdotes en la familia, un núcleo cercano asiduo a grupos de iglesia, práctica de los sacramentos, etc.), y un lado materno que se ha inclinado hacia la corriente evangélica y a corrientes contemporáneas como la metafísica (en el sentido más popular del término) o la creencia vaga de «algo que nos sostiene». 

Mi formación es como matemático, por lo que el encuentro con el «ateísmo» o «gnosticismo científico» también me formó. De la creencia de que estamos en este mundo por azar (sostenida por muchos científicos) me vino el deseo de la búsqueda de Dios. Gracias a la Compañía de Jesús me encontré con Él, con Jesús. Tras varios años y muchas experiencias trabajando con «los descartados del mundo» dejé la Orden y conocí la Iglesia anglicana. He continuado formándome en ella, actualmente en la diócesis de Europa, en Alemania. A la par, llevo un apostolado con refugiados de las tantas guerras.

EGG: ¿Cómo percibes las relaciones históricas entre ambas iglesias y qué opinas de los gestos que durante su primer año de papado ha tenido León XIV?

RCA: La relación histórica (después de siglos de desavenencias) se inauguró en 1966 con un encuentro entre el papa Pablo VI y el arzobispo de Canterbury, Michael Ramsey, tras el Concilio Vaticano II, que impulsó la experiencia del movimiento ecuménico en el ámbito de la Iglesia católica. El nivel de la experiencia ecuménica entre ambas iglesias es el de superar divisiones históricas y caminar hacia la comunión plena, abordando temas teológicos, litúrgicos y de misión, fomentando la amistad, el testimonio y la misión conjunta. 

Los primeros gestos que ha tenido el papa León XIV con respecto al interés ecuménico con la Iglesia anglicana sigue siendo un intento de continuidad dialogante con el papado de Francisco, pero con su propia impronta, especialmente en la profundización del ecumenismo a través de la sinodalidad. Ésta, aunque de sumo interés para Francisco (a quien todos hemos admirado profundamente), queda ahora en manos de León XIV, quien deberá impulsar su desarrollo y asumir el aprendizaje que conlleva.

La sinodalidad, como un proceso de escucha y discernimiento en común, es esencial para la vida ecuménica, pues invita a iglesias de diversas tradiciones a caminar juntas. Se percibe que León XIV, Robert Prevost, es tímido e introvertido como Benedicto XVI, que tiene la energía de Juan Pablo II y que su predicación es directa y aterrizada como la de Francisco. En el poco tiempo de su ejercicio se han generado muchas expectativas como un hijo de san Agustín. Tan decidido está a seguir el espíritu de Juan Pablo II en la «conmemoración ecuménica de los testigos de la fe» que, durante su alocución en la oración del Ángelus, en la fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, señaló la importancia de su papel como papa al servicio de la unidad de la Iglesia y aludió al «ecumenismo de la sangre», que une a todos los cristianos gracias al testimonio de los mártires que dan su vida por Cristo, independientemente de la Iglesia o comunidad eclesial a la que pertenezcan. En esta ocasión afirmó: «Aún hoy, en todo el mundo hay cristianos que el Evangelio vuelve generosos y valientes, incluso a costa de su vida. Existe, pues, un ecumenismo de la sangre, una unidad invisible y profunda entre las Iglesias cristianas, que sin embargo aún no viven la plena comunión visible».

En esa misma vía he podido ser testigo de un gran movimiento ecuménico en Alemania; de hecho, hemos tenido muchas celebraciones eucarísticas juntos, no sólo con la Iglesia católico–romana, sino también con la luterana y la evangélica, entre otras. Parece que, poco a poco, tendemos a lo que Karl Rahner anticipaba: en las próximas épocas se será místico o no se será. Los movimientos eclesiales, al menos en la diócesis de la que formo parte, tienden a concentrarse ya no en el cristianismo de «masa», sino en uno de «esencia».

Foto: © Roberto Carlos Ábrego

EGG: En ocasiones se dice que el diálogo interreligioso puede llegar a ser más sencillo que el ecuménico, ¿qué opinas de esta realidad y cómo es vivir un ecumenismo en tu propia persona?

RCA: Es cierto que hay diferencias entre el diálogo ecuménico y el interreligioso. Sin embargo, ha sido justamente el diálogo interreligioso el que ha enderezado el camino del ecumenismo. En el ámbito interreligioso la escucha ha debido orientarse más hacia lo trascendental que hacia las particularidades que suelen marcar el diálogo ecuménico. Asimismo, la cooperación interreligiosa, centrada con frecuencia en acciones concretas por un mundo habitable, con justicia y amor, ha ennoblecido la senda ecuménica.

Si la convivencia ciudadana dentro de una aldea global es hoy una exigencia ética, lo es aún más para la convivencia de la familia cristiana. El ecumenismo también parte, de manera vigorosa, de una ética global hacia una ética cristiana, donde la escucha parte de la amistad y la valoración de las diferencias; diferencias entendidas no como herejías o proscripciones mutuas, sino como identidades que se forjan en el tiempo y en la distancia históricas. Dicho esto, a algunos les puede parecer que insisto en una trivialidad de las diferencias; nada más ajeno a la realidad. Por el contrario, se trata de asumir la exigencia de superar divisiones históricas, verbales o teológicas, pero a partir del amor amigable. Y este amor amigable exige tiempo y procesos para una convivencia de unidad en la esperanza, fe y amor, siendo el amor el camino que sostiene a las otras dos.

De este modo se perfila una espiritualidad de aprendizaje compartido entre anglicanos y católicos, como creyentes y miembros de sus propias expresiones de ser Iglesia. Una espiritualidad que me sigue mostrando la necesidad de un arraigo profundo en el llamado a ser uno en Cristo. En mi propia experiencia —recogida en esta misma revista, en el artículo «Una experiencia de silencio»—, la convivencia amorosa y cotidiana con una familia de otra denominación cristiana evitó que discutiéramos sobre cosas periféricas, concentrándonos en lo esencial, el ser para el otro, el amor en los concretos, en el diario vivir.

EGG: ¿Qué expectativas y deseos tienes del recién iniciado papado de León XIV?

RCA: El papa León XIV, con un fuerte arraigo en Perú y Latinoamérica por haber vivido allí, genera grandes expectativas de una visita en 2026, buscando fortalecer el diálogo y la cercanía con la Iglesia en la región, prometiendo continuar la línea pastoral de Francisco, enfocada en la sinodalidad, la justicia social y el apoyo a los jóvenes y sectores populares, con un compromiso especial por la prevención de abusos en la Iglesia. En mi opinión, sería muy deseable que el papa León XIV vuelque su mirada al ecumenismo, no a partir de ejercicios teológicos de declaraciones o escritos, que sin duda tienen importancia, sino a través de experiencias vivas de Jesús, que se manifiesta más allá de grupos religiosos, de órdenes o denominaciones. Esto es «un ecumenismo de sangre», de hermanos sabiéndose hermanos. 

Para saber más: 

Ábrego, R. C. (2023, 8 de agosto). Una experiencia de silencio. CHRISTUS. https://bit.ly/4az1KJL

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