Y, entonces, para no olvidarse de los colores y
se fueran a
perder buscaron otro modo de guardarlos. Y se estaban
pensando en su corazón cómo hacer cuando la vieron a la
guacamaya y entonces la agarraron y le
empezaron a poner encima todos los colores y le largaron las
plumas para que se cupieran todos. Y así fue como la
guacamaya se agarró color y ahí lo anda paseando, por si a
los hombres y las mujeres se les olvida que muchos son los
colores y los pensamientos.
La historia de los colores, Subcomandante Marcos
Después de más de 30 horas de viaje que comenzaron en la Ciudad de México, el 1 de noviembre de 2021 llegué a Argel; era el tiempo de la pandemia y cualquier viaje se convertía en toda una odisea. Con gran alegría los jesuitas me esperaban en el aeropuerto, pues hacía ya algunos años sin que un jesuita nuevo se integrara en esta misión, finalmente había llegado.
Unos días después ya me encontraba explorando el Centro Cultural Universitario (CCU), en donde el cien por ciento de sus estudiantes inscritos son musulmanes. Con especial atención, asistí a la inauguración de la exposición de pintura de ese mes; me sentí admirado por la participación de los asistentes y por el ambiente de cercanía.
Sobre la marcha fui reconociendo el gran trabajo que el staff del CCU (argelinos musulmanes, religiosas y jesuitas) realiza en cada una de las actividades pedagógicas y artísticas que día a día se realizan. Más allá de una biblioteca, entendí que el CCU es un lugar en donde hay sueños, diálogo, colaboración, búsqueda, solidaridad, respeto.
En el proceso de llegada me integré al área de cultura y arte. Con el paso de las exposiciones que mes con mes realizamos fuimos clarificando que en el CCU daríamos prioridad a los artistas autodidactas y debutantes, pues ellos son los que menos oportunidades tienen para compartir su trabajo.
Cada exposición implica muchas horas de trabajo que se ven cristalizadas con la inauguración en la cual, tradicionalmente, hacemos un conversatorio entre el artista y los asistentes, que es animado por alguno de los integrantes más experimentado del equipo del CCU. Desde mi punto de vista, este diálogo es el corazón de las exposiciones, pues allí las vivencias, las emociones y las esperanzas más profundas de artistas y asistentes son compartidas.
Justo en ese momento de diálogo las divisiones que separan a los asistentes desaparecen: los artistas experimentados interactúan y dialogan con los artistas no experimentados, los jóvenes con los ancianos, los cristianos con los musulmanes, los creyentes con los no creyentes, etc. Podemos decir que ésa es una manera en que acontece una reconciliación entre diferentes culturas y tradiciones, pues. siguiendo a Pedro de Velazco Rivero, S.J., podemos decir que «Re–conciliar es volver a acomodar, hacer coincidir o re–ajustar esas realidades, situaciones y acciones humanas que ya no, o todavía no, se ajustan armónicamente, y que por ello amenazan nuestra vida y humanidad».
En esas conversaciones artísticas, que tienen un fuerte sabor a conversación espiritual, todos hemos encontrado esperanza, pues, usando un vocabulario neutral, en más de una ocasión hemos hecho referencia a Dios sin nombrarle. Recuerdo una ocasión cuando una artista musulmana expresó: «Cuando realizo un mosaico, el primer paso es ir a la naturaleza para encontrar diferentes piedras preciosas, después las rompo, y con esos pedazos comienzo a construir el mosaico, el cual será una obra de arte llena de belleza».
Piedras bellas que se rompen para construir con ellas algo nuevo y más bello. Me parece que lo dicho por esa artista musulmana resume lo que los discípulos fueron experimentando a lo largo de su convivencia con Jesús. De alguna manera, podemos decir que los discípulos eran personas con grandes cualidades, semejantes a piedras preciosas, pero al mismo tiempo con la fragilidad necesaria para dejarse romper interiormente por las enseñanzas de Jesús. Para entonces, a partir de esa fragmentación, reajustarse y volverse a reconstruir, constantemente, con una configuración cada vez más cercana a la Buena Nueva del Evangelio, la cual es belleza en plenitud. Sin duda, ese mismo proceso de reajuste y reconstrucción es al que estamos llamados a vivir permanentemente como jesuitas, como Compañía de Jesús, como sociedad global.
Siguiendo a Mary L. Pratt en su texto Arts of the Contact Zone, podemos decir que cada inauguración de las exposiciones en el CCU puede ser interpretada como una «zona de contacto», en la cual, al hacer el intento de ir más allá, buscamos horizontalizar y «hacer coincidir» las diferentes asimetrías presentes entre los participantes, para así compartir y alimentarnos mutuamente tanto en planos espirituales como existenciales.
Podemos decir que a través de las diferentes actividades artísticas del CCU queremos hacer un diálogo–reconciliación que involucra a diferentes culturas. Esto toma particular relevancia porque, en el fondo, dialogar en el plano de las culturas es dialogar en el plano de la religiones. Esto tiene sustento en lo propuesto por David Tracy en su libro The Analogical Imagination, en el que define que un clásico religioso es un clásico cultural sui generis.
Así es como, desde nuestra espiritualidad ignaciana que nos invita a «encontrar a Dios en todas las cosas», podemos reconocer la buena nueva de salvación haciéndose presente en el pueblo argelino. Así es como, con la certeza de sabernos en el corazón de Cristo, servimos, compartimos y nos «re–conciliamos» con un pueblo–cultura que practica una religión distinta a la nuestra.
Así es como los integrantes del staff del CCU, argelinos musulmanes, religiosas de diferentes congregaciones y jesuitas, aprendemos a vivir la misión en colaboración. Así es como acompañamos al pueblo universitario argelino que sueña con un futuro mejor en los planos individual, familiar y comunitario. Sólo en colaboración he podido vivir lo aquí compartido.
Semblanza:
Víctor Ramos Talavera, S.J.
Asesor del área de cultura y arte en el Centro Cultural Universitario de Argel, Argelia.