Evangelio del domingo 15 de marzo


«Dejarse mirar para ver».

MARZO

  • 1S 16, 1b. 6–7. 10–13a
  • Sal 23 (22), 1–3a 3b–4.5.6
  • Ef, 5, 8–14
  • Jn 9, 1–41

§ La palabra de hoy hace énfasis en la luz como hilo conductor que nos revela el sentido de la existencia y nos prepara para la experiencia del misterio pascual para ver y creer. En la primera lectura encontramos una frase muy hermosa que nos advierte que Dios mira de una manera diversa, puesto que no se queda en las apariencias, sino que mira directamente al corazón. Mirar apariencias es quedarnos en las tinieblas cotidianas, pero cuando vemos el corazón nos convertimos en hijos de la luz, como dice Pablo, y es desde la luz como podemos descubrir la vida verdadera y hacerla evidente con nuestros actos.

§ El evangelio de Juan nos presenta en escena a un hombre ciego de nacimiento que simboliza a la humanidad en la oscuridad de la ceguera. Sin embargo, Jesús no busca culpables —«ni él pecó ni sus padres»—, sino que nos insiste en mirar esto como una oportunidad para la obra de Dios. El gesto de ungir los ojos con barro nos evoca la creación del Génesis, recapitulándose la historia de la salvación donde el Hijo del Hombre recrea al hombre y lo envía a lavarse para morir a la oscuridad y renacer a la luz, una anticipación del bautismo.

§ Este relato es un itinerario de fe que no nos está hablando de una visión ocular, sino de una experiencia teologal que nos invita a reconocer en Jesús al Salvador de nuestra ceguera interior, nuestras inseguridades y miedos.

Jesús toca nuestro barro y nos da su Espíritu. Sólo podremos ser curados si nos dejamos mirar por Él; sólo si nos reconocemos ciegos podremos recibir su luz y seremos capaces de mirar con los ojos de Cristo.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán

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