Evangelio del domingo 11 de enero

«¡Tú eres mi hijo!».

ENERO

  • Is 40, 1–4.6-7
  • Sal 29 (28), 1a y 2.3ac–4. 3b y 9b–10
  • Hch 10, 34–38
  • Mt 3,13–17

§ La lectura de la liturgia de la palabra nos invita a tener nuestros ojos puestos en Jesús. Las palabras de Isaías en forma de versos muy bellos nos transmiten una experiencia de alegría única al mirarlo a Él. Asimismo, Pedro, con sus palabras, insiste en esta centralidad para comprender a Jesús desde su relación con el Padre.

§ El bautismo de Jesús nos revela que a Dios le ha complacido, en su búsqueda de comunión con el hombre, descender del cielo e inclinarse ante nuestra humanidad, para alcanzarnos allí donde la tragedia del pecado nos había conducido.

§ En esta fiesta estamos llamados a reconocer, en la forma de un abajamiento, la manifestación más pura de amor hacia nosotros: la belleza capaz de transformar la dureza de nuestro corazón. Sin perder su dignidad, Dios se ha mostrado solidario con nosotros allí donde ni siquiera nosotros somos capaces de serlo con nosotros mismos.

Tenemos, pues, la oportunidad de redescubrir el don que Dios nos ha hecho con la Navidad de su Hijo, para que en este nuevo año 2026 podamos renunciar a la costumbre de justificarnos siempre y comenzar a vivir en la libertad de los hijos: justificados y amados, sostenidos en relación con un Dios que quiso arriesgarlo todo con nosotros, entregándonos lo más precioso que tenía, «haciendo el bien y curando» a toda nuestra humanidad.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán

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