En juntanza reexistimos

Por Elías González Gómez

Mi experiencia en Re–existe 2025

Desde mediados de 2022 un grupo de amigos y amigas iniciamos una serie de conversaciones que condujeron a la propuesta que tomó forma con el Taller–Festival Re–existe. Planeamos un proyecto en dos etapas: una primera en mayo de 2023 con un encuentro presencial entre representantes de movimientos sociales, practicantes de distintas espiritualidades, personas de academia y del mundo del arte. La segunda etapa la perfilamos para septiembre de 2025. Esta segunda tendría, a diferencia de la primera, un énfasis más internacional.

Finalmente, después de mucho esfuerzo, desveladas, horrores burocráticos, reuniones a cinco o más usos horarios diferentes y hablando inglés entre personas de cuatro continentes para quienes el inglés no era su lengua materna, la segunda edición de Re–existe se llevó a cabo en el ITESO del 22 al 26 de septiembre de 2025. Más allá de una nota periodística sobre el evento —ya han salido algunas publicadas— me interesa compartir mi experiencia en Re–existe, lo que significó para mí esta segunda edición y las perspectivas que siento que abre.

En ambas ocasiones me tocó servir a modo de coordinador, más que nada por mi rol en el ITESO y al formar parte del comité de Re–existe, compuesto también por el teólogo dominico mexicano Carlos Mendoza–Álvarez, las teólogas feministas Teresa Forcades, de Cataluña; Mūmbi Kīgūtha, de Kenia, y Kochurani Abraham, de la India; el teólogo nigeriano SimonMary Aihiokhai y Juan Carlos La Puente, peruano residente en Portland que camina acompañando distintos procesos de derechos humanos y espiritualidad.

Foto: Depositphotos

Mucho podría narrar y sistematizar alrededor de mis experiencias y aprendizajes. Por ejemplo, cómo fue hacer posible que personas de 17 países diferentes pudieran asistir a México, tramitando visas en la era Trump. Varias personas que deberían de haber asistido desistieron del intento, pues no querían someterse al sistema–mundo racista y clasista que decide quién puede y quien no viajar a otro país o siquiera salir del suyo propio. Nos dolimos por la ausencia de nuestro compañero Moses, de Kenia, que por estas mismas políticas, y a pesar de haber obtenido la visa mexicana, no lo dejaron ni siquiera salir de su propio país con excusas absurdas.

En varias ocasiones me topé con que la mayoría de mexicanos y mexicanas ignoran que México le pide visa a un gran número de países. Piensan que eso de las visas es algo únicamente de Estados Unidos. Pero no, México opera bajo la misma lógica y a veces hasta peor, porque, no sé si con intención o simple ineptitud de las instituciones, no queda claro en varios casos los pasos para sacar una cita en embajadas mexicanas o termina siendo al final del día el criterio personal del funcionario o agente de migración lo que determina si la persona consigue o no la visa.

También podría detenerme a narrar más detalladamente la visita que hicimos a El Salto con las compañeras y compañeros del colectivo Un Salto de Vida, quienes amablemente nos recibieron y explicaron —como en 2023 lo hizo la comunidad de Mezcala— toda su reexistencia en medio del horror de vivir en una zona de sacrificio. Otro tema fascinante se encuentra sin lugar a duda en los rituales de la mano de Angélica, chamana de Malasia, y Cecilia, del pueblo lakota, con los que cada mañana abrimos las actividades, o los talleres de danza tradicional del Jauja, Perú, expresión corporal, bordado, expresión musical, etc. Si algo he de resaltar fue la presencia del tema de desaparecidos, tanto por Fabi y Vero —madres en busca de sus hijos— en compañía de Paola Clericó, pero también por todo el apoyo del CUDJ del ITESO en la instalación de una exposición artística interactiva tratando justamente ese tema.

En fin, estos y otros tantos temas más podrían ocupar páginas y páginas de narración, cosa que tal vez en un futuro tengamos el tiempo de realizar. Por ahora, me gustaría compartir con quien esté leyendo estas líneas un poco del trasfondo de Re–existe en el plano histórico y cómo se entrecruza con mi propia historia. Sobre esto caí en cuenta durante el mismo evento. Pronto aparecerá nuestro documental acerca de la experiencia de este septiembre de 2025, así como un cómic que intentará expresar lo vivido. Para quien quiera conocer más el proyecto puede visitar directamente nuestra página web: Re-Existing!

Decía al principio de este breve comentario que Re–existe 2025 tomó dos años de preparación, pero que desde 2022 venimos caminando este proyecto ya con dos eventos. Pues bien, la historia data todavía de más atrás, de 2019, cuando en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, bajo la rectoría de David Fernández Dávalos, S.J., y la coordinación de Carlos Mendoza–Álvarez, se llevó a cabo el congreso ¡Resiste! con el apoyo de la Revista Concilium. Optamos por cambiar el nombre de Resiste a Re–existe inspirándonos en los mismos movimientos sociales, quienes subrayan que no únicamente se trata de resistir los embates de la destrucción de la que son víctimas, sino que el énfasis está en seguir siendo lo que son, inventar nuevas formas de vida, crear las alternativas. Se trata de la insurrección en curso, por utilizar el término de Gustavo Esteva, que refiere a las personas de a pie recreando su mundo y construyendo las alternativas más allá de los grandes discursos gubernamentales, ideologías políticas de todo tipo y de intelectuales que ostentan la «expertise» del cambio social.

Foto: Depositphotos

El pensamiento y legado de Gustavo Esteva, fundador de la Universidad de la Tierra Oaxaca, amigo y colaborador de Iván Illich, es otro capítulo de la historia y de los antecedentes de Re–existe. En el año 2015, cuando comencé a trabajar con él, Gustavo impulsó junto con otras compañeras y compañeros —entre ellos Carlos Mendoza— el proyecto Tejiendo voces por la Casa Común, el cual conglomeró a varios espacios universitarios y colectivos con la misma finalidad de juntarnos, sentipensar nuestra realidad y compartir los caminos que se han abierto en medio de los horrores de la guerra contra la subsistencia, la vida y los pueblos.

Otro capítulo fundamental está protagonizado por el Spiritual and Theological Mutual Accompaniment (STMA). En mi experiencia, el STMA es un grupo de amigos que, tejiéndonos en amistad, nos acompañamos mutuamente en nuestros procesos espirituales y existenciales en medio de situaciones de violencia, marginación, opresión y resistencia. Se trabaja desde la vulnerabilidad, intentando percibir el paso de la Ruah divina en nuestras vidas y haciendo teología desde los márgenes. Si bien los referentes cristianos están presentes, el grupo se ha vuelto cada vez más plural y diverso. Personas de varios países, tradiciones e idiomas llevan participando desde 2016 en este proceso que consta de varias sesiones al año por grupos y un encuentro presencial en común. Durante el proceso nacen intuiciones liberadoras personales y colectivas que son foco de esperanza en nuestro caminar. La metodología que durante casi una década se ha ido desarrollando en el STMA es clave para Re–existe, ya que caminan en paralelo. Varias de las personas de Re–existe caminamos también en el STMA.

Re–existe 2025 fue organizado desde la Cátedra Jorge Manzano, S.J. (CJM) del Centro Universitario Ignaciano del ITESO. Si bien se trata de iniciativas independientes, nacieron de alguna manera juntas. El primer Re–existe fue en mayo de 2023 y el lanzamiento de la Cátedra fue en septiembre de ese mismo año. El hecho de que Re–existe fuera acogido en el ITESO por la CJM va más allá del mero hecho coyuntural de que fuera mi responsabilidad coordinar ambos proyectos. Comencé a trabajar con Jorge Manzano hace quince años, cuando yo era estudiante y él mi profesor de Historia de la filosofía. Pronto este jesuita se convirtió en un maestro espiritual en mi camino, con quien exploré una amplia cantidad de mundos y tradiciones, pero, sobre todo, fue con él con quien inicié mi trabajo interreligioso en el entorno público. Antes de eso yo era un joven inquieto buscando respuestas en varias comunidades religiosas, pero fue con Jorge con quien inicié mi actividad en Carpe Diem Interfé, fundada por él y otro grupo de amigos, desde donde organizamos los encuentros del Diálogo Multicultural Universal en tres ediciones. Diálogo interreligioso e intercultural, diversidad humana, simple celebración por el crisol de culturas y espiritualidades reunidas para compartir y aprender unas de otras. La relación entre Re–existe y la CJM fue no sólo natural sino fecunda.

Lo que acabo de compartir es en buena medida mi propio recorrido, desde mis años trabajando con Jorge Manzano en Carpe Diem Interfé, caminando con Gustavo Esteva en la Universidad de la Tierra, con el STMA y, finalmente, en Resiste y Re–existe. Carlos, Teresa, Kochurani, SimonMary, Mūmbi o Juan Carlos podrían contar su propia genealogía de cómo llegaron a Re–existe y con qué antecedentes llegan. En mi caso, fue todo lo anterior y quizás otras cosas que no me alcanza el espacio de este texto para compartir. Tomar conciencia de este recorrido fue una de las enseñanzas que más me impactaron durante Re–existe. De pronto vi los últimos 15 años de mi vida —que a mis 34 es casi decir la mitad— cobrar sentido en un encuentro. Me siento agradecido, inspirado, conmovido y también interpelado a seguir respondiendo a la altura de este legado y responsabilidad.

¿Qué sigue? Susurros de encuentros en Kenia o de reuniones en la India comienzan a escucharse. No lo sé. Lo que sí tengo claro es la invitación a seguir reexistiendo y encontrándonos, porque solamente en la juntanza es como nacen nuevas posibilidades donde antes no veíamos ni futuro ni salida. Como he aprendido en cada uno de los espacios y proyectos antes referidos, el tejido realmente fuerte y trascendente es aquel que nace no de sentirse religiosa o políticamente compatibles, sino de la amistad compartida y los cuerpos atreviéndose a reexistir en colectivo.

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