
La relación entre espiritualidad y cuerpo ha sido, en varias ocasiones, empobrecida por lecturas que separan la interioridad, la contemplación y el espíritu de la materia, del gesto y de la experiencia sensible. Sin embargo, tanto la tradición ignaciana como ciertas expresiones culturales comunitarias ofrecen una comprensión más integral de la persona.

Hoy abundan las opiniones sobre lo que sucede con las y los jóvenes. Se dice que no tienen reglas, que se la pasan en las redes, que su sentido de vida está en riesgo, que se viven solos y solas, etc.

Muchas veces vivimos corriendo, alcanzando o persiguiendo «algo»: buscamos crecer, superarnos, lograr éxitos, ganarnos «un lugar en el mundo», demostrar que podemos… Pero ¿para qué?

Los pasados 25, 26 y 27 de febrero las cátedras Jorge Manzano, S.J., e Ignacio Ellacuría, S.J. —ambas pertenecientes al Sistema Universitario Jesuita— unieron fuerzas para convocar al Seminario sobre Espiritualidades liberadoras. Un tema urgente en medio de un contexto socio–religioso cada vez más complejo.

Muchas comunidades han podido resistir a las «tormentas» del sistema capitalista conservando la esencia y la paz común.

La gran paradoja de nuestro siglo es que la tecnología amplificó nuestras voces, pero debilitó nuestros silencios: esos espacios originarios donde solíamos mirar al otro con apertura, reconocer su vulnerabilidad y dejarnos afectar por ella.

Desde mediados de 2022 un grupo de amigos y amigas iniciamos una serie de conversaciones que condujeron a la propuesta que tomó forma con el Taller–Festival Re–existe.

La pregunta sobre qué es la conciencia y si puede existir más allá del cuerpo y de la materia ha acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales.

Desde mi niñez, cada vez que subo montañas o me interno en espacios con poca intervención humana siempre me acompañan dos sensaciones: por un lado, la de asombro ante la majestuosidad y la belleza de la naturaleza, y, por otro, la de ser muy pequeño y vulnerable ante la inmensidad que me rodea. Esta mezcla afila mi atención y me carga de vitalidad.

Los Ejercicios Espirituales constituyen uno de los grandes tesoros de la espiritualidad cristiana que, desde hace casi 500 años, continúa transformando vidas en todo el mundo.