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El cuidado de la Casa Común en los clásicos del cine

¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá. 

Laudato si’, número 7

En el séptimo arte hay un sinfín de contenidos que nos invitan a reflexionar sobre el cuidado de nuestra maravillosa Casa Común, que buscan, además, crear conciencia y tomar acciones en favor de ella. Entre éstos están los clásicos La princesa Mononoke y Gorilas en la niebla, de los que hablaremos en esta reseña.

Ambas películas nos recuerdan que la Tierra nos está cobrando factura de lo climático, y esto es debido a lo poco que nos significa a los humanos el tema del cuidado del medio ambiente, pues en varios siglos de civilización hemos olvidado la relación directa que existe entre el hombre y el mundo. La invitación es a que vean, con ojos de fe y acción, estos dos hermosos filmes.

La princesa Mononoke 

(Dir. Hayao Miyazaki, Japón, 1997)

La princesa Mononoke es una animación muy entretenida y con gran ambientación que se centra en la lucha entre los guardianes sobrenaturales de un bosque y los humanos que profanan sus recursos, visto desde los ojos del forastero Ashitaka. Lo curioso es que la traducción en español no hace justicia, ya que debería titularse La princesa de los espíritus vengadores. El mensaje central de la película es la lucha contra la avaricia del ser humano cuando se trata de poder y explotación ambiental.

Unos de los personajes más emblemáticos es la dama Eboshi, la encargada de un pueblo lleno de mujeres que han perdido a sus esposos en batalla. Ella es la responsable de desatar una serie de sucesos que enconarán aún más a los humanos con las criaturas del bosque.

De lado de la Tierra, la cuestión se vuelve más grande porque logra defenderse de los humanos por medio de la invocación a dioses antiguos, que son animales milenarios y sagrados, de gran tamaño, que buscan sobrevivir ayudados por la princesa Mononoke.

A la par, Ashitaka buscar salir de una maldición de la guerra y se percata de que la única manera de frenarla es manteniendo la coexistencia entre los seres humanos y los animales del bosque. La batalla alcanza su clímax cuando el dios siervo pierde su cabeza y, al ser devuelta por la princesa y Ashitaka, piden perdón por los daños hechos a la naturaleza.

Sin duda, La princesa Mononoke es una película entrañable que nos invita a reflexionar sobre esa coexistencia entre los hombres y la tierra, en donde los humanos cuidan lo sagrado, en este caso la naturaleza; una perfecta epifanía de lo que es Dios, representado por el siervo que es vida y muerte.

Gorilas en la niebla

(Dir. Michael Apted, EUA, 1988)

Dian Fossey, protagonizada por la increíble Sigourney Weaver, es una terapeuta que decide consagrar su vida al estudio de los primates para realizar un censo sobre una especie en peligro de extinción: el gorila de montaña de Ruanda. Acompañada por un rastreador local, Dian inicia su labor y queda completamente cautivada por la vida de estos animales, mostrándose sin miedo a aproximarse para observar su comportamiento.

Surge entonces un vínculo afectivo entre Dian y los gorilas. Mientras lucha por preservar la especie, Fossey enfrentará graves conflictos con las autoridades y los cazadores furtivos que, de manera ilegal, comercializan crías con zoológicos y matan a los adultos para fabricar suvenires.

A pesar de que la película es un clásico de los años ochenta, la temática sigue siendo muy vigente, pues el maltrato animal es uno de los males más grandes de la actualidad, una de las tantas situaciones que nos distancian de la Creación.

El numeral 2 de Laudato si’ afirma que «cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho». Esto nos recuerda las poderosas palabras de Francisco de Asís: «Alabado seas, mi Señor», que cantaba el santo.

Este hermoso cántico nos recuerda que nuestra Tierra es similar a una hermana con la que compartimos la vida, o a una madre cariñosa que nos abraza en su regazo. «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra Madre Tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba».

Por último, quiero terminar con una frase que utilizamos en la psicología y que nos evoca la importante tarea: «El cuidado que tenemos de la naturaleza y los animales es proporcional al amor propio que nos tenemos».

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