A mitad del camino una evaluación del gobierno de AMLO

Jorge Rocha

En este comienzo de año analizaremos tres aspectos colocados en el escenario nacional desde el último semestre del 2021 y que nos permiten entrever la situación del país y las implicaciones que éstos pueden tener a mediano y largo plazo.  Como primero, veremos la conformación de la Cámara de Diputados para el periodo del 2021 al 2024. El segundo son los resultados de la medición de la pobreza en México del año que terminó. Por último, evaluaremos la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador a la mitad de su trayecto.

La nueva Cámara de Diputados

Luego de las impugnaciones en el Tribunal Federal Electoral y de los fallos de esta instancia en la elección federal del año pasado, quedó conformada la nueva Cámara de Diputados que comenzó sus labores el primero de septiembre del 2021. Es a esta instancia a la que le tocó analizar el tercer informe presidencial además de la aprobación del presupuesto federal para el año que recién iniciamos. 

De acuerdo a los informes del Instituto Nacional Electoral (INE), las bancadas para el periodo 2021-2024 quedaron conformadas con la mayoría de escaños para el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) con 198 diputados, 122 de mayoría relativa y 76 de representación proporcional. El Partido Acción Nacional (PAN), como segundo lugar obtuvo 114 diputados, 73 de mayoría relativa y 41 de representación proporcional. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) como tercero, consiguió 70 diputados: 30 de mayoría relativa y 40 de representación proporcional. El Partido Verde Ecologista de México (PVE) tiene 43 curules, 31 de mayoría relativa y 12 de representación proporcional. Los partidos más pequeños obtuvieron los siguientes resultados:  El Partido del Trabajo (PT):  37 diputaciones, 30 de mayoría relativa y siete de representación proporcional. El Partido Movimiento Ciudadano (MC): 23 diputados, siete de mayoría relativa (todos del estado de Jalisco) y 16 de representación proporcional. Por último, el Partido de la Revolución Democrática (PRD):  15 diputados, siete de mayoría relativa y ocho de representación proporcional.

Un dato importante es que podemos observar que la conformación de la actual Cámara de Diputados es la más paritaria en la historia reciente del país, ya que el 50.4% de sus miembros son varones y el 49.6%, mujeres. Esto representa una enorme diferencia frente a los antiguos escenarios políticos, por ejemplo, el de la Legislatura 1991-1994, en la cual los diputados varones tenían el 92.2% de los escaños y las mujeres solamente el 7.8%. 

Foto: © dubassy (Daniel Talson), Depositphotos

La repartición de diputaciones de representación proporcional y los resultados definitivos de las elecciones distritales sufrieron pocas modificaciones luego del análisis de las instancias judiciales. Se confirmaron además las tendencias que ya se habían empezado a mostrar antes de la elección. Es natural que todos los partidos argumenten que fueron los grandes ganadores de los pasados comicios y que lograron sus objetivos en lo referente a la composición de la Cámara de Diputados. Habrá que decir que en sus razonamientos hay una parte de verdad y otra de mentira. Con los resultados en firme, podemos establecer algunas conclusiones para los próximos tres años de esta instancia. 

Si la mayoría del bloque oficialista se mantiene, la alianza Morena/PVE/ PT tendrá 278 escaños, lo que representa un 50% +28 diputados. Esto significa una mayoría absoluta dentro de la Cámara, lo que les permite crear, modificar y derogar leyes secundarias. Además, esta mayoría puede aprobar el presupuesto federal (ingresos, egresos e impuestos). Sin embargo, no podrán realizar reformas a la Constitución, ya que para ello se requieren 334 votos.

Si el grupo opositor (PRI/PAN/PRD) logra consolidarse como alianza legislativa, este grupo tendría 199 votos, por lo que no puede impulsar ningún tipo de reforma o ley, ni tampoco hacer cambios al presupuesto. Su única posibilidad es evitar reformas constitucionales y convertirse en una oposición testimonial.

Por otra parte, el grupo parlamentario de MC es muy pequeño y resulta de poca utilidad política para ambos bloques, ya que en sí mismo no otorga ninguna ventaja significativa ni a Morena ni al PAN, que se han presentado como las fuerzas políticas más antagónicas.

En este escenario, la única bancada que por sí misma puede darle la mayoría calificada (334 votos) al bloque oficialista de Morena y sus aliados es el PRI, ya que sus 70 diputados pueden completar los 56 votos que necesita este bloque para realizar cambios a la Constitución. Considerando el momento político, el incentivo de que las bancadas minoritarias (MC y PRD) voten junto con Morena y sus aliados es muy alto, ya que sería la forma como podrían obtener beneficios, sobre todo en el caso del partido naranja, que necesitan recursos federales para los dos estados que gobierna: Jalisco y Nuevo León.

Es muy posible que esta conformación de la Cámara Baja genere un mercado de votos muy volátil, ya que Morena y sus aliados deberán buscar constantemente alianzas legislativas momentáneas. Por otro lado, los partidos con menos legisladores, entrarán en estas negociaciones para obtener beneficios para los territorios que gobiernan.

Este es parte del nuevo mapa político de México, que augura que los encontronazos estarán a la orden del día y seguro veremos discusiones muy polarizadas en torno a temas de gran relevancia, por ejemplo, la propuesta presidencial de la reforma energética, que pretende fortalecer la posición de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el mercado eléctrico frente a la postura de la oposición que busca mantener las reformas al sector energético realizadas por Enrique Peña Nieto.

Los índices de pobreza 

Desde el comienzo de la pandemia se anticipó que habría un incremento en la pobreza del país, esto fue confirmado por la información que dio a conocer el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social en México (CONEVAL). 

En el año 2018 esta instancia nos informó que el índice de personas viviendo en pobreza era del 41.9% de la población, esto es, 51.9 millones de mexicanas y mexicanos. Dos años después, en 2020, el índice aumentó a 43.9%, es decir, 55.7 millones de habitantes.

La pobreza en México se divide en dos: la extrema (los que reciben de cero hasta $1,793 mensuales de ingreso) y la moderada (los que reciben entre $1,793 y $3,740 mensuales de ingreso), esto en zonas urbanas. En el 2018, las personas en pobreza extrema eran el 7.0 % de la población (8.7 millones de mexicanos). El año pasado el índice fue de un 8.5% de la población, es decir, 10.8 millones de personas. En 2018 las personas en situación de pobreza moderada representaban el 34.9 % de los mexicanos, (43.2 millones). Para 2020, dicha cifra aumentó hasta el 35.4%, lo que significa que 44.9 millones de habitantes del país están en esta condición. En términos absolutos, lo que podemos decir es que entre 2018 y 2020 la pobreza se incrementó un 2%, lo que da un total de 3.8 millones de personas más viviendo en esa situación. 

Según las mediciones que hizo el CONEVAL podemos ver que la falta de acceso a la seguridad social, la calidad de los espacios y de los servicios básicos en las viviendas tuvieron una leve mejoría, ya que todas las mediciones lograron un descenso mayor al 1.5%; por otro lado, También se muestra un deterioro en las carencias en la baja de los ingresos, el acceso a la alimentación y en el rezago educativo. 

Las entidades federativas en donde se incrementó el índice de personas en situación de pobreza fueron: Quintana Roo (17.3%), Baja California Sur (9.0%) Tlaxcala (8.3%), Estado de México (7.1%) y Yucatán (5.5%). Los estados que disminuyeron sus porcentajes fueron: Nayarit (-5.5%), Colima (-3.7%), Zacatecas (-3.5%), Sinaloa (-2.9%) y Oaxaca (-2.7%).

En cuanto a la pobreza extrema en los estados del país, las entidades que experimentaron los mayores incrementos son Quintana Roo (6.8%), Tlaxcala (6.6%), Yucatán (4.7%), Puebla (4.6%) y Estado de México (3.6%). Los estados que disminuyeron sus índices fueron: Veracruz (-2.2%), Nayarit (-1.8%), Chiapas (-1.5%), Guerrero (-1.4%) y Oaxaca (-1.0%).

Foto: © Titi Maciel Pérez Cathopic

Hace dos años CONEVAL hizo una evaluación de las estrategias de combate a la pobreza en la última década y el resultado fue demoledor:  la política social en México no ha funcionado, ya que se ha mantenido sistemáticamente a 50 millones de personas en esta situación. La llegada del nuevo gobierno federal albergó esperanzas de resultados distintos, ya que el enfoque de la política social cambió al incrementar de manera sustantiva las transferencias monetarias a ciertos sectores de la población, entre ellos los adultos mayores, además de los aumentos al salario mínimo. 

Sin embargo, según datos del mismo CONEVAL se muestra que la pobreza aumentó, no tanto como se había augurado, pero sí, aumentó. Algunas de las causas están muy claras. Por un lado, los dos primeros años del gobierno de Andrés Manuel López Obrador fueron de estancamiento y con un crecimiento económico muy limitado, esto dentro del marco de una recesión económica mundial.  Posteriormente, la llegada de la pandemia del covid, que implicó el cierre de actividades económicas por casi un año y medio, con el subsiguiente deterioro económico de algunos sectores como el turismo.

Si analizamos detenidamente los datos, podemos ver que en los estados como Quintana Roo, Baja California Sur y Yucatán, en donde el peso del turismo es fundamental, el crecimiento de la pobreza fue mayor. Mientras que, en estados como Veracruz, Nayarit, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, donde tradicionalmente el índice de pobreza siempre aumentaba, mostraron en cambio un decremento en sus índices. 

La agenda de combate a la pobreza sigue sin tener avances sustantivos, no son buenas noticias, por lo que queda en entredicho «el primero los pobres», lema de este gobierno. Habrá que ver si en la segunda parte de su sexenio es posible revertir esta situación.

Foto: © lucidwaters (Rafael Ben Ari) Depositphotos

Evaluación de medio camino

En septiembre del año pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó su tercer informe de gobierno, que, aunque no marca exactamente la mitad de su gestión, bien puede ser analizado. 

Para ello es necesario colocar dos asuntos sobre la mesa, el primero es que el informe de los presidentes, en el que se da a conocer el estado de la administración pública, debería ser el ejercicio por excelencia de rendición de cuentas. Por la vía de los hechos nunca ha sido así, ni en este ni en los anteriores sexenios. Por eso seguimos perdiendo un espacio privilegiado de debate sobre los grandes problemas de nuestro país.  El segundo es la polarización política que prevalece en México y que no ha permitido hacer un análisis concienzudo de lo que ha sido el gobierno de López Obrador, ya que encontramos posturas que señalan que todo está bien, mientras que otras apuntan que todo está mal. Aunque podemos encontrar una parte de verdad en ellas, también podemos decir que tienen su parte de mentira, pero parece que muchos de estos análisis se polarizan y tienen como fuente fundamental el deseo de que al presidente le vaya bien en todo, o que, de la misma forma, le vaya mal en todo.

Sin embargo, más allá de la polarización, me gustaría rescatar algunos aspectos que considero positivos dentro de la gestión de López Obrador, para después enumerar los elementos negativos y así dar una perspectiva más balanceada de este gobierno.  

Una de las mayores aportaciones de este mandatario fue la de cambiar la relación de la administración pública federal con los grandes poderes económicos del país, que pasó de una clara subordinación a una relación de mayor equilibrio, siendo a veces de confrontación, pero a veces también de colaboración.

Vimos también un fortalecimiento del empleo a través del incremento al salario mínimo, el combate a las peores formas del outsourcing, además de la reforma al sistema de pensiones.

En cuanto a la atención a ciertas regiones del país, se notó una importante inversión pública orientada al sur y sureste de México, que por años fueron las regiones más olvidadas. Por último, se pueden destacar tres aspectos importantes: el combate a la corrupción y la investigación de algunos casos emblemáticos en este rubro. La política de austeridad en la administración, que logró bajar de forma sustantiva el despilfarro y el uso de recursos públicos en gastos innecesarios. Como aspecto final remarcamos la buena relación con el país del Norte y de sus mandatarios, Donald Trump y el recientemente elegido, Joe Biden.

Con todo, siempre hay áreas de oportunidad.  La seguridad pública es unos de los temas donde el presidente ha fallado y la apuesta de la creación de la Guardia Nacional no ha dado los resultados esperados, ya que la violencia en el país sigue desatada. Otro problema ha sido que, a pesar de los avances en el proceso de vacunación para combatir la pandemia, la estrategia para el manejo de esta crisis sanitaria ha dejado mucho que desear y el sistema público de salud sigue colapsado y sin capacidad de garantizar de forma plena el derecho a la salud.

La reactivación económica del país va a un paso lento y los efectos negativos de la pérdida de empleos, del incremento de la pobreza y de la desaparición de empresas están presentes y parece que al ritmo que la administración ha llevado, esta tendencia no se revertirá en el corto plazo, sobre todo si añadimos que durante los primeros años de este gobierno el crecimiento económico fue prácticamente nulo.

En cuanto a las reacciones del primer mandatario hacia ciertos sucesos del escenario nacional, se puede notar la insensibilidad y el desdén que López Obrador ha mostrado frente hacia los movimientos sociales que critican su gestión, sobre todo frente aquellos colectivos que promueven y defienden los derechos de las mujeres.  Aunque en un inicio, sus conferencias mañaneras eran un ejercicio novedoso de comunicación política y de rendición de cuentas, este espacio se ha convertido en la actualidad en el escenario para estigmatizar y ridiculizar a los opositores de la llamada Cuarta Transformación y para minimizar los errores del actual gobierno federal, convirtiéndose solamente en un campo de propaganda política.

Un último punto en esta lista de fallas en la gestión del presidente, serían los amagos y las presiones de su parte hacia los otros poderes de la Unión y hacia instancias autónomas que fueron creadas para generar contrapesos y control hacia el gobierno. Aunque paradójicamente, el presidente se declare como demócrata, sus críticas, en muchos casos sólo se quedan en declaraciones, con lo que ha conseguido generar una suerte de «estrés» democrático poco sano y deseable para nuestra endeble situación política. 

Existen muchos aspectos que evaluar, pero desde mi particular punto de vista, son los más relevantes. A manera de conclusión, diré que se debe hacer un seguimiento cuidadoso de la segunda mitad de este sexenio, sobre todo para ver los resultados en puntos que son claves para el desarrollo nacional. Me refiero a la inseguridad pública, el combate a la pobreza, el derecho a la salud y el cierre de los casos de corrupción que todavía permanecen abiertos. 

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