
Dos cosas son seguras: la palabra «Dios» existe, y no está de moda. ¿Quién no ha renegado de dicha palabra hasta casi eliminarla de su vocabulario o incluso desplazarla por otras más amigables como Amor, Universo, Misterio, Vida o Energía? ¿Sigue teniendo contenido la palabra Dios? ¿Se ha convertido en un mero fantasma lingüístico?

Son muchas y complejas las causas de los conflictos entre personas, grupos, naciones… una de ellas (ni la más frecuente, ni violenta…) son las diferencias entre las culturas y las religiones que por sí mismas —y, peor aún, combinadas con otras causas— han producido diversos conflictos.

«Tranquilícense y no teman. Soy yo».

Recordemos que en el discernimiento, a la hora de evaluar una moción, a la par que su contenido (la invitación concreta a la que nos sentimos convidados a responder), es fundamental tomar en cuenta el estado de ánimo que la acompaña.

En este artículo vamos a desarrollar algunas de las características de la crisis de la modernidad y su repercusión en el contexto juvenil actual, para después resaltar aspectos de la Espiritualidad Ignaciana que pueden ser de gran relevancia dadas las circunstancias del mundo que les ha tocado vivir.

«Vengan a mí, escúchenme y vivirán».

Dejarnos llevar por el dinamismo de la mística es aprender a escuchar con atención plena la realidad de este mundo. El filósofo Raimon Panikkar define este dinamismo como la «experiencia integral de la realidad».

«Te pido que me concedas sabiduría de corazón».

«Tu poder es el fundamento de tu justicia».

Es curioso que estemos por comenzar la tercera entrega de estas reflexiones comentando el segundo libro de la colección Dios para pensar del teólogo Adolphe Gesché y que no hayamos llegado a tratar directamente a Dios como temática.