
La multitud grita «¡Hosanna!», pero pocos días después esa misma ciudad será testigo de su condena. Este contraste no es solo un hecho del pasado: es un espejo que ilumina nuestras realidades actuales.

Quienes participamos más de cerca en la vida de la comunidad de la Iglesia, al hablar de Semana Santa nos referimos sobre todo a las celebraciones —litúrgicas y no— propias de estos días; pero conviene tomar en cuenta que para la mayoría de la gente simplemente significa vacaciones y muchas veces viajar de paseo.

Las mociones pueden ser buenas o malas. Su cualidad se reconoce por lo que sugieren, pero, sobre todo, por lo que decantan anímicamente: claridad + quietud + alegría (consolación) y, en el polo opuesto, confusión + turbación + tristeza (desolación)


«Despertar a la vida que no muere».

Los pasados 25, 26 y 27 de febrero las cátedras Jorge Manzano, SJ, e Ignacio Ellacuría, SJ —ambas pertenecientes al Sistema Universitario Jesuita— unieron fuerzas para convocar al Seminario sobre Espiritualidades liberadoras. Un tema urgente en medio de un contexto socio–religioso cada vez más complejo.




La materia de nuestras mociones son pensamientos acompañados de imaginación, fantasía, o contenidos actualizados de nuestra memoria. Y cuando se nos presentan afectan nuestro estado de ánimo, mejorándolo o empeorándolo