Desde hace décadas uno de los problemas sistémicos y estructurales de nuestro país ha sido la desigualdad y la pobreza. Desde que se comenzaron a realizar mediciones sobre su magnitud tenemos más información sobre los resultados de la política social de los diferentes gobiernos federales. Hay que recordar que una de las promesas recurrentes en campañas electorales por parte de la clase política (de todos los partidos) fue que la pobreza y la desigualdad se iban a reducir, pero, en todos los casos, los resultados fueron magros.
En 2025 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer los resultados de la última Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH). Este instrumento se realiza cada dos años y sirve para confeccionar y elaborar los informes que dan cuenta y son el soporte de las principales mediciones de pobreza y desigualdad en México. Luego de las reformas legales impulsadas por Claudia Sheinbaum Pardo para extinguir distintos órganos autónomos y desconcentrados, entre los que estaba el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (CONEVAL), el INEGI ahora es la entidad responsable de realizar las mediciones de la pobreza en México. Por supuesto que hay un cuestionamiento de fondo sobre el conflicto de interés cuando el propio gobierno es el que mide sus resultados en esta materia.
A pesar de este debate que amerita su propia reflexión, resulta muy pertinente analizar los hallazgos que arroja la ENIGH 2024: para este año el ingreso corriente promedio de un hogar en México fue de 25 mil 955 pesos al mes, que representa un 10.6% más que el ingreso de 2022. El origen de este ingreso corriente proviene en mayor medida del trabajo (65.6%), luego de las transferencias monetarias como jubilaciones, becas y donativos (17.7%), y de la estimación del ingreso por la renta no pagada (11.6%). En lo referente a la desigualdad social según el ingreso, los datos nos dicen que, si se divide a la sociedad en diez estamentos (deciles), los hogares del primer decil registran un ingreso promedio de cinco mil 598 pesos al mes, mientras que los del décimo decil ascienden a 78 mil 698 pesos, una diferencia de 14 veces entre los que más ganan y los que menos perciben. Además, las familias del primer decil obtienen el 2.2% del ingreso total del país, en contraste con los hogares del décimo, que acumulan el 30.3%. Si bien entre 2016 y 2024 hubo una reducción mínima en la desigualdad, ya que el primer decil se quedaba solo con el 1.8% del ingreso nacional y el décimo obtenía el 36.4%, esta mejora es mínima y la desigualdad social en México sigue siendo un problema mayúsculo.
Diferentes tipos de desigualdades
En los resultados de la ENIGH 2024 también se corroboran las desigualdades territoriales. Nuevo León y Ciudad de México tienen los ingresos más altos en el país: en el caso del estado norteño el ingreso mensual promedio de los hogares fue de 39 mil 011 pesos y en la Ciudad de México de 36 mil 895. En contraparte, en Guerrero los hogares obtuvieron 16 mil 183 pesos y en Chiapas 13 mil 695. Si comparamos estos datos podemos afirmar que los hogares de Nuevo León tienen un ingreso mensual tres veces más altos que los de Chiapas. Esto nos lleva a reconocer que en México persiste una realidad que divide a la población entre ciudadanos de primera y segunda clase.
Las desigualdades entre las personas mestizas e indígenas también son muy notorias. Las y los mexicanos de origen indígena obtuvieron un ingreso mensual promedio de siete mil 439 pesos, que significa un 26% menos que el promedio nacional. Es decir, en México una persona indígena recibe un ingreso equivalente a apenas tres cuartas partes del que percibe, en promedio, el resto de la población.
Sumado a lo anterior, resulta alarmante la brecha de ingresos entre hombres y mujeres. En 2024 los hombres ganaron, en promedio, 12 mil 016 pesos al mes, mientras que las mujeres obtuvieron un ingreso mensual de siete mil 905 pesos: cuatro mil 111 pesos de diferencia. A pesar de los esfuerzos encaminados a atender este problema estructural, muchas veces las acciones quedan en el terreno del discurso políticamente correcto. Estos datos muestran claramente que la desigualdad social entre mujeres y hombres persiste y que no se han logrado avances sustantivos pese a las narrativas gubernamentales.
En síntesis, puede afirmarse que, aunque el ingreso de los hogares mejoró entre 2022 y 2024 y que en los últimos ocho años se registró una reducción mínima de la desigualdad, ésta permanece como un rasgo central en la realidad mexicana. Además, las brechas asociadas al género, la pertenencia étnica y el territorio siguen siendo profundas y preocupantes.
La pobreza en México para el año 2024
El INEGI publicó en 2024 los resultados de la medición de la pobreza multidimensional en México, ejercicio que hasta hace poco realizaba el CONEVAL. Hay que recordar que estas evaluaciones se realizan cada dos años y son un referente fundamental en la materia. Además, los datos de 2024 permiten valorar de manera integral los resultados de la política social del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, una de las agendas estratégicas en el México contemporáneo.
De manera general, entre 2022 y 2024 el porcentaje de personas en situación de pobreza disminuyó del 36.3% al 29.6%, lo que equivale a pasar de 46.8 millones a 38.5 millones de personas. Dentro de este conjunto, en 2022 había 9.1 millones de mexicanas y mexicanos en pobreza extrema (el 7.1% de la población), cifra que para 2024 se redujo a siete millones de personas, es decir, el 5.3% de la población.
El INEGI —y antes el CONEVAL— también mide seis carencias sociales consideradas esenciales para determinar si los hogares cuentan con las condiciones mínimas para una vida digna. En los resultados de 2024 se observa, como primera constatación, que todas las carencias registraron una disminución respecto a 2022, aunque con ritmos distintos de avance. Las reducciones más notables se dieron en el acceso a servicios de salud, en el acceso a una alimentación de calidad y en los servicios básicos de vivienda, con descensos de 5.9, 4.6 y 4.5 millones de personas, respectivamente, que dejaron de presentar estas privaciones. En el caso específico de la carencia de acceso a la salud —la más cuestionada hace dos años— se pasó de 50.4 millones de personas a 44.5 millones. Por otro lado, las carencias vinculadas con el acceso a la seguridad social, la calidad y los espacios de la vivienda, así como el rezago educativo, mostraron avances más modestos: dos millones de personas dejaron de presentar carencia en seguridad social, 1.4 millones mejoraron en calidad y espacios de vivienda, y únicamente 900 mil superaron el rezago educativo entre 2022 y 2024.
Pobreza según el territorio
Los resultados de la pobreza multidimensional que presentó el INEGI confirman la persistencia de las desigualdades territoriales en México. De acuerdo con el reporte de este organismo, trece estados del país tienen entre el 9.8 y el 19.9% de su población en pobreza; la mayoría de estas entidades se ubican en el norte y occidente de México, y sólo un estado del sur —Quintana Roo— aparece en este rango. En contraste, cinco estados presentan entre el 20% y el 29.9%, ocho registran entre el 30% y el 39.9%, y seis tienen entre el 40% y el 67%. Todos éstos se encuentran en el sur del país.
Para 2024 las entidades con más personas en pobreza fueron Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Puebla, mientras que los estados con menor población en esta condición fueron Baja California, Baja California Sur, Nuevo León, Coahuila y Sonora. En lo referente a la pobreza extrema, el INEGI señala que los estados con más personas en esta situación coinciden con los de mayor pobreza general: Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Puebla. En contraparte, las entidades con menor cantidad de personas en pobreza extrema son Baja California, Nuevo León, Aguascalientes, Coahuila y Colima.
Algunas conclusiones de los avances entre 2022 y 2024 son las siguientes: en primer lugar, se observa una mejora importante en el número de personas en pobreza, ya que poco más de ocho millones de mexicanas y mexicanos salieron de esta condición durante estos dos años. Este avance permitió que, por primera vez desde que se realizan estas mediciones, menos del 30% de la población se encuentre en situación de pobreza, lo que evidencia que podemos hablar de una política eficaz en la materia. La literatura que se ha publicado sobre las razones y políticas que propiciaron esta mejora señala el fortalecimiento sistemático del empleo y del salario —que tuvo incrementos sustantivos en estos años—, así como los impactos positivos de las transferencias sociales del gobierno federal en numerosos hogares del país.
Donde los avances resultan menos significativos es en las seis carencias sociales analizadas por el INEGI. Todavía hoy, el 61.7% de la población presenta al menos una carencia social; por su parte, la población no pobre y no vulnerable representa el 32.5% de las y los mexicanos, frente al 27.1% registrado en 2022. Dicho de otra manera, actualmente sólo uno de cada tres mexicanos cuenta con una vida digna y sin carencias, mientras que dos de cada tres presentan al menos una privación social. Los resultados de este año ofrecen buenas noticias, y sería mezquino no reconocerlo, pero los retos en materia de pobreza multidimensional siguen siendo significativos.
El combate a la pobreza en el sexenio de López Obrador
Con la información proporcionada por el INEGI respecto a la pobreza multidimensional en México, es posible realizar un balance completo de la política social a lo largo del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, quien reiteró en su narrativa de gobierno que «primero los pobres». Con los resultados difundidos por el INEGI puede corroborarse si los dichos del expresidente tuvieron sustento y si, de forma efectiva, existió un combate eficaz a la pobreza y la desigualdad.
En lo concerniente a los datos generales de la pobreza multidimensional, conviene recordar que al inicio de la administración de López Obrador había en el país 51.9 millones de personas en situación de pobreza, de las cuales siete millones se encontraban en pobreza extrema. Al finalizar su sexenio, las mexicanas y mexicanos en pobreza suman 38.5 millones, de los cuales 5.3 millones están en pobreza extrema. Esto implica que, a lo largo de la administración, 13.4 millones de personas salieron de la pobreza y 1.7 millones dejaron de estar en pobreza extrema. Se trata de la disminución más grande registrada en los últimos seis sexenios, periodo en el que los saldos finales de las administraciones públicas federales se mantenían en torno a los 50 millones de personas en pobreza. Desde la llegada del neoliberalismo a México, y pese a la implementación de diversas políticas sociales, no se había observado una reducción significativa de la pobreza hasta este sexenio, cuyos resultados resultan alentadores en varios rubros.
Ahora bien, si se revisa la evolución de las seis carencias sociales a lo largo del sexenio, los avances son diferenciados y, en algunos casos, incluso hay retrocesos. Los mayores resultados positivos se observan en la disminución de la carencia de acceso a la alimentación, que pasó del 22.2% en 2018 al 14.4% en 2024. La segunda carencia con un descenso relevante fue la de servicios básicos en la vivienda, que se redujo del 19.6% al inicio del sexenio al 14.1% al finalizar. En tercer lugar, la carencia por acceso a la calidad y espacios de la vivienda pasó del 11% al 7.9% en seis años. En estos tres ámbitos puede afirmarse que el sexenio de López Obrador propició avances relevantes en comparación con la situación existente al inicio de su mandato.
Sin embargo, no en todos los aspectos hubo mejoras significativas. En la carencia de acceso a la seguridad social se pasó del 53.5% en 2018 al 48.2% en 2024. Aunque existe una disminución en el porcentaje, el volumen de personas afectadas continúa siendo tan alto que el avance puede calificarse como mínimo. En cuanto a la carencia por rezago educativo, los avances durante el sexenio fueron magros: del 19% se redujo apenas al 18.6%, lo que representa una disminución de tan sólo 0.4%.
El ámbito en el que se registró un franco retroceso fue el acceso a servicios de salud. En 2018 el 16.2% de la población tenía esta carencia; al finalizar el sexenio de López Obrador, la cifra ascendió al 34.2%. Dicho de otra manera, en seis años el problema de acceso a la salud se duplicó. Este retroceso se explica por el fracaso en la sustitución del Seguro Popular y la puesta en marcha del Instituto Mexicano del Seguro Social–Bienestar, así como por la falta de infraestructura en salud, la insuficiencia en el suministro de medicinas y la carencia de personal médico, factores que complejizaron la situación.
A partir del análisis de estos datos puede concluirse que, durante la administración de López Obrador, más de trece millones de personas salieron de la pobreza, un hecho que representa una excelente noticia para el país y constituye la reducción más significativa en esta materia en los últimos sexenios. No obstante, en el derecho a la salud se registró un grave retroceso, al duplicarse la población con esta carencia. En cuanto a las demás privaciones, el rezago educativo y la falta de acceso a la seguridad social mostraron avances mínimos y poco significativos.
Para la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, esta agenda continúa siendo prioritaria. A pesar de los resultados de la política social del sexenio anterior, aún hay 38 millones de personas en situación de pobreza, se produjo un deterioro severo en el acceso a la salud y dos de cada tres mexicanas y mexicanos padecen al menos una carencia social. Además, ya se cuestiona si las carencias analizadas son suficientes para garantizar una vida digna; por ejemplo, se plantea incorporar el acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, al ocio y el descanso, así como a la salud mental. Habrá que seguir analizando esta agenda con el mayor detenimiento.






