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Ni racismo ni violencia, sino construcción de paz 

El Diccionario de la Lengua Española define el racismo como “exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive”. Al seguir esta definición podemos entender que el sentido racial es importante porque nos ayuda a generar una identidad y una pertenencia, rasgos muy valiosos para la obtención de seguridad personal y la integración comunitaria de cada persona. Sin embargo, ya podemos entender que el conflicto de esta definición se manifiesta en la palabra “exacerbación”, la cual lleva al racista a discriminar o perseguir a quien no pertenece a su mismo grupo identitario. 

Para abordar brevemente este tema nos apoyaremos en la pintura “Asesinato en Misisipí”, del estadounidense Norman Rockwell. Asimismo, queremos resaltar la postura cristiana de amor al prójimo contra todo acto de violencia. Deseamos que este texto nos ayude a detectar nuestras propias dinámicas excluyentes para saber erradicarlas, reconocer a Jesús como constructor de paz y seguirlo para colaborar con él en la construcción del Reino de Dios. 

Pintura “Asesinato en Misisipí” 

Esta pintura es obra del pintor Norman Rockwell, nacido en Nueva York, en 1849. Podemos decir de él que fue un idealista estadounidense, en conexión con la propuesta política de John F. Kennedy. Algunas otras de sus pinturas son “Negros en los barrios residenciales”, “La regla de oro” y “La bendición de la mesa”. La obra “Asesinato en Misisipí” fue realizada en 1965 para la revista Look; en ella vemos plasmado un acontecimiento histórico: el asesinato de tres jóvenes defensores de los derechos afroamericanos, que luchaban por hacer valer el voto electoral de personas de raza negra en el sur de los Estados Unidos. 

En la pintura vemos a Andrew Goodman, Michael Schwerner y James Chaney; éste está herido de muerte en brazos de su amigo Schwerner, aún de pie. A ambos les depara el mismo final de Goodman, que yace muerto ante las amenazantes sombras de sus verdugos, los temibles miembros del Ku Klux Klan. Norman Rockwell plasmó a los tres jóvenes vestidos de blanco, símbolo de la paz, en contraste a las sombras, lo opuesto a la luz. La mirada valiente y sostenida de Schwerner, al igual que sus brazos que sostienen a su amigo, se contrapone al espacio vacío de un desolador terreno que materializa los últimos segundos de vida de estos jóvenes. 

Para realizar esta obra, Rockwell se basó en la fotografía ganadora del premio Pulitzer “Ayuda del padre”, de 1962. En ella vemos al padre Luis Padilla, que arriesga su vida al sostener a un moribundo soldado venezolano en medio del fuego cruzado, para posteriormente darle a él y a sus compañeros la extremaunción. De igual modo, “Asesinato en Misisipí” nos ayuda a evocar otras dos obras artísticas que plasman el más puro proceder cristiano; una es la escultura “Piedad florentina”, de Miguel Ángel Buonarroti, hacia el año 1550. En ella se presenta el dramatismo de un Jesús inerte, al haberlo bajado de la cruz, sostenido por María, María Magdalena y Nicodemo; en éste, Miguel Ángel se autorretrata y manifiesta su proceder religioso. La otra es la pintura “El buen samaritano”, de Eugène Delacroix, hacia el año 1850, en la que se narra un fragmento de la parábola dicha por Jesús a un escriba, en el evangelio de Lucas. El samaritano sostiene con el pecho y las rodillas al hombre caído, mientras al fondo vemos a dos hombres que dan la espalda al marcharse. Delacroix plasma el instante de la parábola en la que Jesús dice: “Vete y haz tú lo mismo”. 

Proceder cristiano: vida, apertura y compasión 

Las actitudes racistas, tal cual están planteadas en “Asesinato en Misisipí”, son generadoras de muerte, destrucción y desolación. Jesús, el Señor, por el contrario, nos dice que él ha venido para que tengamos vida en abundancia (Jn 10, 10). Y aún más, él mismo se identifica con la Vida: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6), y con la Resurrección: “Yo soy la Resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá” (Jn 11, 25). 

La hermandad de razas entre Michael Schwerner y James Chaney, en la que se sostiene uno en otro, nos habla de la apertura cristiana, de la cercanía con el otro diferente. Es la misma experiencia que vive Jesús en el encuentro con los magos de Oriente, cuando él era apenas un recién nacido (Mt 2, 11); con el Centurión Romano (Mt 8, 10), que vive una fe mayor, inclusive, que los mismos israelitas, y, ya resucitado, en el envío de sus discípulos a comunicar su mensaje de amor a todas las personas y lugares del mundo, ya no sólo al pueblo de Israel (Mt 20, 19).  

El sostener a Cristo muerto, y en ello sostener el drama de la cruz como en la escultura de Miguel Ángel, o el levantar al hombre herido del camino para montarlo en su caballo, como en la pintura de Delacroix, nos recuerda la compasión de Dios hacia toda la humanidad. Es la misma compasión que nos presenta Rockwell en el devenir de estos tres jóvenes, que desafían al sistema establecido para dar oportunidad a que los derechos de otros también sean reconocidos y respetados. 

Para reflexionar 

Ante lo expuesto anteriormente, se sugiere preguntarse: 

  • ¿Qué sentimientos, pensamientos y deseos me provoca la contemplación de la pintura “Asesinato en Misisipí”? 
  • ¿Con cuáles actitudes de la pintura me identifico: con la búsqueda de paz o con las sombras que acechan? 
  • ¿Qué situaciones de mi cotidianidad reflejan este racismo manifestado en la pintura? 
  • ¿Qué me dice la actitud de Jesús Resucitado al encontrarse con sus discípulos en Jn 20, 19–21? 

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