Las expectativas de las mujeres en León XIV

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a elección de León XIV el 8 de mayo de 2025 llegó con especulaciones sobre si seguiría o no el camino que había trazado el papa Francisco. En esos días la Iglesia vivía en un clima de expectativa tras la publicación, en octubre de 2024, del Documento Final del Sínodo para la Sinodalidad. Uno de los temas que despertó mayor esperanza fue la participación de la mujer dentro de la Iglesia y la ilusión sobre si podría o no ser diaconisa y recibir el sacerdocio.

En el documento Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión el papa Francisco dedicó el número 60 específicamente a las mujeres. En él reconoció que siguen enfrentando obstáculos en diversas áreas de la vida de la Iglesia y en el pleno desarrollo de sus carismas y su vocación, a pesar de que constituyen la mayoría de los fieles y son las primeras en evangelizar. Participan en escuelas, hospitales y parroquias, dirigen centros de acogida, lideran iniciativas en favor de la reconciliación y la promoción de la dignidad y la justicia humana. También contribuyen a la investigación teológica y están presentes en puestos de responsabilidad en instituciones vinculadas a la Iglesia y la Curia Diocesana y Romana. En este texto se hace un llamado a que las mujeres sean reconocidas dentro de todos los ámbitos en los que siguen siendo excluidas; sin embargo, queda pendiente el tema sobre su acceso al ministerio diaconal, al afirmar que «sigue abierta la cuestión y se debe seguir con el discernimiento», pero sin retomar la posibilidad de recibir el sacerdocio.

Estas conclusiones dejaron sentimientos encontrados, si no es que desilusión, ya que el diaconado y el sacerdocio de las mujeres eran dos de los puntos sobre los que más se esperaba una respuesta: el primero quedó inconcluso y el segundo ni siquiera fue mencionado.

En este contexto, los ojos del mundo estaban puestos en el nuevo papa y las apuestas sobre su camino no paraban. Había hasta cierta ansiedad de si, en el caso de las mujeres, continuaría con la línea de Francisco. Se publicaron antecedentes sobre su pronunciamiento en un intento por anticipar cuál sería la postura que asumiría. Por exponer un ejemplo, el reconocido periódico británico The Guardian rescató una declaración de Robert Prevost en octubre de 2023 en la que decía que «clericalizar» a la mujer no resolvería los problemas de la Iglesia, sino que, al contrario, podría crear más. Reconoció que la tradición apostólica era algo que estaba muy claro, específicamente en lo referente al sacerdocio de la mujer, pero señaló que ellas aportaban y podrían aportar aún más a la Iglesia en diferentes niveles.

La mayor esperanza puesta sobre sus hombros era el tema que quedó inconcluso en el Sínodo para la Sinodalidad: el ministerio del diaconado para las mujeres. Durante las votaciones de la asamblea correspondiente hubo 258 votos que se pronunciaron a favor, mientras que sólo 97 fueron en contra. Recordemos que, de los 258 participantes de la cumbre mundial, 53 fueron mujeres con derecho a voto, algo que jamás había pasado en la historia de la Iglesia. La importancia de este paso radica en que reconocería a las mujeres un papel con funciones litúrgicas, pastorales y caritativas; además, podría interpretarse como un avance que en el futuro abriera la posibilidad de autorizar la ordenación sacerdotal.

Para septiembre de 2025, cuatro meses después de su nombramiento, León XIV dejó muy claro que «de momento» no había posibilidad para la ordenación de diaconisas. Afirmó que el papel de la mujer dentro de la Iglesia se tenía que seguir desarrollando, pero no en esa dirección. Él seguiría los pasos de Francisco en incluir a más mujeres en designaciones con roles de liderazgo en diferentes niveles de la Iglesia, reconociendo la riqueza de sus aportaciones y dones. Cuando fue cuestionado sobre la posibilidad de la ordenación de las mujeres admitió que era un tema muy polémico, pero que no tenía por lo pronto intenciones de cambiar la enseñanza de la Iglesia al respecto. Desde su perspectiva, hay preguntas previas que deben hacerse y resolverse, pero que seguirá escuchando a las instituciones que examinan el trasfondo teológico e histórico de algunas de esas preguntas. 

La negativa del nuevo papa no es lo único que siguió la línea de Francisco: así lo hizo también con el nombramiento de religiosas en puestos importantes dentro de la Curia. Delante del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede mencionó en su discurso el hecho histórico de que más de la mitad de los funcionarios del Secretariado de Estado eran laicos y más del 50% mujeres. Además, confirmó a la hermana Raffaella Petrini como presidenta de Estado, convirtiéndola en la mujer con mayor rango administrativo al ostentar el cargo de secretaria general del Gobernatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano. Aprovechó también el momento para ratificar a sor Simona Brambilla al frente del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada.

Cuando el papa Francisco nombró a Raffaella Petrini como presidenta del Estado de la Ciudad del Vaticano creó un conflicto técnico y legal porque, según lo estipulado por la ley, el cargo debía ser ocupado por un cardenal. Este requisito evitó que Petrini pudiera presentar el informe del estado económico del Estado en una congregación general de cardenales a puerta cerrada. Simplemente no fue invitada porque nadie que no fuera cardenal podía participar en esa reunión. León XIV enmendó la Ley Fundamental del Estado de la Ciudad del Vaticano para permitir que una figura que no fuera cardenal presidiera la Gobernatura del Vaticano. Además de este cambio, comentó que la gobernanza del territorio es de servicio y responsabilidad y que debe invocar a la comunión dentro de la jerarquía de la Iglesia. El que sea compartida contribuye a dar respuesta a las necesidades del Estado que cada vez son más urgentes y complejas.

Foto: © Cathopic

Otra acción que tomó en esta dirección fue incorporar en el listado de consultores del Dicasterio para el Clero a dos religiosas: Martha Elizabeth Driscoll (Instituto de las Cistercienses de la Estricta Observancia) y Luliana Sarosi (Congregación de la Madre de Dios, conocidas como hospitalarias). Este organismo es muy importante para la Iglesia porque es el que se encarga de coordinar a todos los sacerdotes del mundo, velar por su formación y por la vivencia de su ministerio. Nombró también a Tiziana Merletti (Hermanas Franciscanas de los Pobres) como secretaria del Dicasterio de Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica. Con estas designaciones cumplía con lo dicho de seguir incluyendo a mujeres en puestos de alta importancia para la Iglesia.

Éstas son acciones que se toman desde la Santa Sede para promover la participación de la mujer en puestos de liderazgo, reconociendo su valor en la toma de decisiones eclesiales. No obstante, León XIV señala una situación de alcance global que resulta clave para el papel de la mujer, no sólo dentro de la Iglesia, sino también en la sociedad: no todos los países cristianos tienen la misma cultura. No se puede comparar Europa y Estados Unidos, donde la mujer ha ganado mayor equidad y derechos, con otras partes del mundo que manifiestan un rezago importante. Por ello, considera que no puede darse por sentado que el nombramiento de una mujer, aquí o allá, sea automáticamente respetado, pues existen profundas diferencias culturales que generan resistencias. De ahí la necesidad de hablar sobre cómo la Iglesia puede ser una fuerza de conversión, de una transformación que vaya de la mano de los valores del Evangelio. El papa subraya que con frecuencia la forma en que vivimos la fe está más determinada por nuestra cultura que por el Evangelio. Ante esta realidad, León XIV invita a asumir la situación como una oportunidad para ser fuente de inspiración y para que naciones, comunidades y culturas reflexionen sobre las diferencias en general, más allá de la distinción entre hombres y mujeres.

En otro aspecto, a pesar de que Francisco nunca estuvo a favor del aborto, en 2016 autorizó que los sacerdotes perdonaran a una mujer que hubiese interrumpido su embarazo. Para él, tanto el aborto como la eutanasia eran evidencia de la cultura del descarte. Cuando fue electo León XIV se rescataron algunas afirmaciones que había hecho años antes respecto al tema, en las cuales decía que la misericordia de Dios nos llama a proteger a toda la vida, especialmente la de aquéllos que la sociedad pasa por alto, como los niños sin nacer y las personas de la tercera edad al final de su camino. Dijo que no se podía construir una sociedad justa si se descartaba a los débiles.

Como pontífice no se pronunció al respecto de este tema sino hasta septiembre de 2025 con la controversia surgida en Chicago. El arzobispo de esa ciudad, Blase Cupich, tenía la intención de honrar la trayectoria del senador Richard Durbin en materia de migración, pero obispos de Estados Unidos se opusieron debido a que el político había votado a favor del aborto. Al intervenir en el debate, León XIV cuestionó una comprensión parcial de ser «provida», al señalar que para algunos resulta aceptable declararse en contra del aborto, pero tolerar al mismo tiempo el trato indigno hacia los migrantes. Recordó que, siguiendo el Evangelio, el extranjero debe ser acogido con trato humano. Aprovechó también la ocasión para recordar lo que enseña la doctrina social de la Iglesia sobre el derecho a la vida, que no sólo prohíbe el aborto, sino que considera igualmente inadmisible, en cualquier circunstancia, la pena de muerte. Tras semanas de debate y polémica entre obispos y grupos católicos Durbin terminó por rechazar el reconocimiento.

Durante la misa de Pentecostés de 2025 León XIV se refirió a los crímenes de odio contra las mujeres, en un contexto marcado por el feminicidio de varias mujeres en Italia que había conmocionado al país. El papa hizo un llamado al amor que hace madurar los frutos necesarios para construir relaciones auténticas y sanas, en contraste con la cultura del dominio y la instrumentalización de la mujer presente en muchos vínculos afectivos. Para León XIV no debe haber entre nosotros fronteras ni divisiones; es mejor aprender a dialogar y a acogernos mutuamente, integrando nuestras diferencias. Este mensaje fue pronunciado en memoria de las tres mujeres asesinadas por sus parejas en un lapso de 48 horas, en un país que registra cerca de 150 feminicidios al año. La gravedad de esta violencia se inscribe en un contexto más amplio: Honduras —en proporción a su población— figura como el país más violento para las mujeres, con una tasa aproximada de entre 4.6 y 7.2 casos de feminicidio por cada 100 mil mujeres, según informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y de la Organización de las Naciones Unidas Mujeres.

Al momento de concluir este texto León XIV cumplía ocho meses en el papado. Lo dicho y hecho en torno al tema de la mujer y su participación en la Iglesia constituye, en mayor o menor medida, el balance presentado en este documento. Dado el énfasis y la relevancia que la Iglesia otorgó a la gira del papa por Medio Oriente (Turquía y Líbano) a finales de 2025, todo parece indicar que su pontificado buscará centrarse en la unidad cristiana, el diálogo interreligioso y la paz. Un símbolo claro de ello fue el rezo del credo niceno–constantinopolitano junto al patriarca ecuménico Bartolomé, con motivo de los 1,700 años del Concilio de Nicea. Pero esto no es más que otra mera especulación sobre lo que definirá el pontificado de León XIV y sus posibles implicaciones frente a los cambios demandados y esperados dentro de la estructura y la jerarquía de la Iglesia, como ocurre, al menos, con el tema del diaconado de las mujeres. 

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