Cristianismo radical (Trotta Editorial, 2025) es el libro de un testigo. Escrito por uno de los protagonistas de la teología de la liberación en España, el libro de Juan José Tamayo nos propone un itinerario para recorrer un amplio arco de propuestas que, partiendo desde el fundamento común de localizar los aires liberadores del Espíritu de Dios, enfrentan las grandes injusticias y los grandes desafíos que hoy ponen en entredicho la posibilidad de una vida justa y buena. El mismo autor se convierte en nuestro guía en ese itinerario, como aquél que «ha visto y oído», que ha sentido de primera mano a ese Espíritu actuando y abriendo alternativas y posibilidades para que, como luz que brilla en las tinieblas, podamos imaginar e ir ensayando una comunión como la que, en su tiempo, Jesús imaginó, ensayó y encarnó. Así, el autor se sabe testigo de la Palabra de Vida, del Jesús que da fundamento al cristianismo, que puso su morada en estas tierras nuestras, las del sur global, las del mundo, tan heridas.

El itinerario propuesto por Juan José Tamayo tiene tres ejes estructuradores que atraviesan cada uno de los acápites en los que ha dividido su libro. Son estos tres ejes los que permiten que el libro sea algo más que un catálogo de propuestas teológicas contemporáneas y que se convierta en una búsqueda espiritual en cada una de esas propuestas. En cada propuesta ha de encontrarse algo de estos ejes, de modo que todas se puedan reconocer naciendo de una misma raíz, como ramas de un mismo árbol; de ahí el adjetivo que acompaña y da unidad al cristianismo del título: radical. Los ejes, que trataré de desarrollar brevemente a continuación, son: un cristianismo con causa, un cristianismo con horizonte y un cristianismo en comunidad.

«Es un libro que así nos invita a sumar, a entrar en diálogo, a darle juego a los sueños y visiones». 

Un cristianismo con causa, porque en la raíz de estas propuestas de comprensión del cristianismo hay un diagnóstico diligente del contexto en que se encarna el cristianismo, que hace descubrir un núcleo conflictivo, fuente de injusticia y deshumanización, que se interpreta en coincidencia con la misión que Jesús de Nazaret encarnó en su tiempo y sigue encarnando en sus discípulos y discípulas. En ese diagnóstico se reconoce el obstáculo que el cristianismo ha de enfrentar para ser fieles a quien, en nombre del Padre, se rebeló contra la injusticia de su tiempo. Este reconocimiento depende de una particular hermenéutica que, en cada uno de los casos, va proponiendo énfasis y acentos que muestran la riqueza de lo que se puede y se debe, guiados por el Espíritu del Cristo, hacer posible en la humanidad. Pobreza, patriarcado, clericalismo, imperialismo, colonización, irreverencia ante la humanidad, la diferencia y los equilibrios naturales y vitales, son todos motivos para leer en cristiano, es decir en la experiencia de Jesús, lo que hay que denunciar y lo que todavía habrá que ayudar a nacer. Si el cristianismo es radical es porque se enraíza en esas situaciones, para revelar al Padre de Jesús que no ha querido dejarlas yermas.

De ahí que sea también un cristianismo con horizonte porque Juan José Tamayo nos hace evidente, en cada una de estas propuestas, no sólo su actualidad sino su poder provocador de futuro. Su propuesta no es retrospectiva, como pasando revista a todo lo que ya ha sucedido, sino que quiere reconocer y recuperar lo que cada una de estas propuestas tiene de potencial de semilla; lo que con ellas puede nacer y, más aún, ya está naciendo y permite imaginar los árboles floridos o cargados de frutos, porque ya los ha empezado a dar. En esa imaginación, profética, como la llamaría Brueggemann, está un hombre entrado en años compartiendo sus sueños para impulsar a nuevas generaciones, con las que el hombre disfruta caminar; a generar, presentar y defender visiones de lo que ahora puede venir, de lo que puede hacerse y lo que se puede dar. El libro se convierte así en un testimonio intergeneracional que se ubica entre posibilidades y trabajos por hacer nacer un futuro en el que, viejos y jóvenes, con nuestras distintas experiencias y sueños, podemos prodigar y alimentar.

Un cristianismo en comunidad porque en cada uno de los apartados van apareciendo nombres de personas, grupos, comunidades y pueblos a los que el autor conoce y, me atrevería a decir, en muchos casos admira y ama. Como testigo, Juan José Tamayo va dando cuenta de lo que ha descubierto en sus amigas y amigos, en las comunidades que le han recibido, con las que ha interactuado, dialogado, tal vez discutido, y de las que ha aprendido que el cristianismo no es cosa de uno, sino que siempre es creación comunitaria, de iglesia, ekklesia, en el sentido de asamblea de iguales donde la palabra corre, como nos indicó hace años ya Elisabeth Schüssler Fiorenza, que es una de sus amigas y maestras.

Tenemos, en suma, un libro testimonial, en el que el testigo no solamente mira hacia los hechos pasados, sino que invita con ello a hacer una hermenéutica del futuro y un llamamiento a formar la comunidad que lo pueda hacer posible. Es un libro que así nos invita a sumar, a entrar en diálogo, a darle juego a los sueños y visiones, a presentar y defender nuestros deseos y perspectivas, para que el cristianismo pueda ser todo lo que su raíz, el Espíritu de Jesús que nos habita, nos llama y convoca, puede dar y anunciar. Juan José Tamayo lo dice con claridad: «Un cristianismo que invita a pensar, vivir y actuar de manera diferente y coherente, propone alternativas y mira al futuro creativamente. El resultado es un cristianismo históricamente significativo». Con la mirada puesta en Jesús, y reconociendo la radicalidad de su encarnación. 

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