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Experiencia previa: las pastorelas con mi familia 

Al realizar los exámenes de admisión para la Licenciatura en Teatro me encontré con una pregunta acerca de mi experiencia previa y con no poca vergüenza respondí que lo más teatral que había hecho en mi vida eran únicamente las pastorelas que mi familia organizaba para las posadas. Sin embargo, durante los estudios, pude reconocer las hondas raíces que nutren esta tradición teatral, la riqueza con la que realmente me formaron para la escena y en un tercer momento, ahora como religioso, puedo ver los frutos que alcanzan estas representaciones para compartir la Buena Noticia de manera atractiva, profunda y divertida. 

Durante el mes de diciembre en México son frecuentes las representaciones de pastorelas en las capillas, escuelas, plazas, en familia o incluso en teatros. Algo más o menos fácil de constatar de ellas es que son representaciones de carácter popular y festivo que tienen su centro en la narración del nacimiento de Cristo, con base en el pasaje del evangelio de san Lucas 2, 1-20 en el que un ángel invita a los pastores a adorar al Mesías recién nacido; por esto el nombre de pastorelas. En un principio parecería aburrido que año con año se presente la misma historia, pero las pastorelas se mantienen vivas porque se han ido enriqueciendo y transformando, por la aparición de nuevos personajes y la actualización de temas que le dan un toque de renovación y actualidad al nacimiento del Salvador, con lo que caemos en cuenta que esta historia no pasa de moda y que en realidad nunca terminamos de conocerla por completo. 

En mi familia, que es lo bastante extensa como para completar el reparto de una pastorela, mis tías Marcela y Patricia escribían guiones de pastorela que representábamos entre todos los primos. Ensayábamos a escondidas de la abuela y el resto de los tíos, y en la posada que celebrábamos en familia se abría el telón instalado en un tejabán del patio para iniciar la pastorela. Por ejemplo, en una ocasión, la pastorela giró en torno al tema de la carencia con la que vino al mundo el Niño Jesús y como no tenía con que abrigar sus pies, cada uno de los pastores; o en este caso zapateros, diciendo una frase corta o larga según nuestra edad y capacidades histriónicas iba regalándole un calzado distinto.  Algunos pares de zapatitos eran urgentes, como las pequeñas pantuflas tejidas que le servirían para protegerse del frío, pero otros zapatos le serían útiles cuando creciera como los tenis para hacer ejercicio o las botas para el trabajo. 

Aquella fue una pastorela que me marcó y en la que se adaptó la historia del Evangelio al contexto de nuestra familia y al mensaje que se buscaba transmitir, pero en su momento no pude reconocer el valor de esta adaptación del texto original sino hasta que estudié la licenciatura. En la universidad poco a poco fui conociendo acerca de la tradición teatral de las pastorelas. En la materia de Historia del Teatro Mexicano aprendí que las pastorelas vinieron con los misioneros españoles que llegaron en tiempos de la Nueva España. Descubrí que en un principio no se les conocía como pastorelas sino como como autos, loas, misterios y coloquios de Navidad, del Niño Dios o de pastores, y que con ellas se buscaba transmitir la Buena Noticia, pero “puesta de pie” o “dándole cuerpo” al mensaje en una representación para que fuera más comprensible.  

El teatro evangelizador y en especial las pastorelas fueron un medio que congenió de manera muy natural con la sensibilidad de las personas originarias de América, pues ya tenían una tradición importante de teatro prehispánico. Así, la propuesta de los españoles se vio enriquecida por las pantomimas, areitos o mitotes, farsas y ritos que ya practicaban estos pueblos. Las obras se presentaban en las capillas abiertas que existían a un costado de las iglesias, en los atrios y la mayoría de las veces con gran participación de los indígenas; incluso había compañías enteras donde sólo actuaban los naturales. Por lo tanto, también los coloquios y lo que posteriormente se llamó pastorelas fueron una expresión del mestizaje porque no sólo se presentaban en versos en español, sino que muchas se presentaron en lenguas originarias y tomando en cuenta las costumbres de la gente a la que iban dirigidas funcionando como catalizador de recomposición social.  

Este origen popular y de mezcla hace que las pastorelas sean un excelente espejo para mirar los desafíos que vivimos las personas, los problemas que nos aquejan y las esperanzas que tenemos, pero con la particularidad de ponerlos en conjunto con la historia del nacimiento del Salvador.  Estoy convencido de que el efecto que producen estas dos historias juntas en una sola representación es el núcleo de las pastorelas, pues esto reaviva el amor, la confianza y el deseo de servir y alabar a Dios quien se interesa por la humanidad enviando a su Hijo.  

A aquellos que ya han visto una pastorela o quienes habrán tenido el privilegio de participar en alguna, los invito a mirar o actuar en la próxima de manera renovada, déjense tocar por esta Buena Noticia, siéntanse herederos de una tradición que tiene muchos años y que ha tenido tantos altibajos;  por ejemplo, en algún momento las pastorelas fueron prohibidas y no fue sino hasta los años sesenta que se retomaron con la fuerza y popularidad que ahora las conocemos, pero para escribir de esto habría que extenderse más. Por lo pronto los invito a darse cuenta de que lo que observan o hacen también es arte y, sobre todo, nunca, por ningún motivo, se sientan avergonzados por participar en una pastorela porque es una excelente oportunidad para hacer teatro, reflexionar o celebrar la vida y para crecer en la fe.  

¡Fuera la vergüenza y el pánico escénico y bienvenido sea salir de prisa a ver a María, José y al Niño acostado en un pesebre! 

Para conocer más: 

De Híjar Ornelas, Tomás. “Las pastorelas en Jalisco” en la colección Las culturas populares de Jalisco, vol. XIX. Guadalajara: Editorial Secretaría de Cultura de Jalisco, Editorial Ágata, El Informador y CONACULTA, 2008. 

6 comentarios

  1. Que sigamos con estas tradiciones de las pastorelas. Aquí en el noviciado jesuita en Cd. Guzmán estamos organizando una para presentarla con los vecinos. Gracias Cuco por compartir esta experiencia. Un abrazo.

  2. Hola, soy compañero y me considero amigo del Doctor Zúñiga y leí atentamente el relato de las pastorelas y como llegaron al teatro. Agradezco la oportunidad de comentarlo y me gustaría recibir sí puedes compartir conmigo otros relatos. Hasta pronto. Soy Médico del Centro San Camilo.

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