Evangelio del domingo 8 de marzo

«Nunca más tendrás sed».

MARZO

  • Ex 17, 3–7
  • Sal 95 (94), 1–2.6ab. 7ab. 7c–9
  • Rm, 5, 1–2.5-8
  • Jn 4, 5–42

§ La sed atraviesa las lecturas de la liturgia de este día. Se recurre a esta experiencia física narrando la sed del pueblo de Israel, de Jesús y de la mujer samaritana. No se trata sólo de una necesidad corporal, sino de colmar un deseo más profundo de encuentro y de plenitud.

§ Jesús se sienta junto al pozo de Jacob. El hijo de Dios entra en el límite humano: Dios tiene sed de encontrarse con nosotros. La mujer, símbolo de toda la humanidad sedienta, no comprende al inicio, pero a medida que rompe sus propios prejuicios y se abre al diálogo con Jesús, entiende que no le están hablando de un agua material, sino de un significado más profundo y auténtico que va más allá de su propia comprensión, de su saber religioso y de su historia. Cuando trasciende todo esto logra reconocer personalmente al Mesías.

Nosotros, como pueblo y como individuos, vamos cada día al pozo de nuestra rutina con los cántaros vacíos. Jesús se sienta junto a nuestra fatiga y nos dice: «Dame de beber». Su sed busca despertar la nuestra, y si nos abrimos al diálogo sentiremos la fuente que brota desde dentro; podremos dejar nuestros cántaros como signo de que hemos sido saciados. Así, cuando reconocemos el don de Dios, no necesitamos retener más «el agua» que se agota, sino salir a anunciar para que otros vengan y vean.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *