«Tomó la condición de esclavo».
MARZO
- Is 50, 4–7
- Sal 22 (21), 8–9. 17–18a. 19–20. 23–24
- Flp 2, 6–11
- Mt 26, 14–27
§ Hemos hecho todo un recorrido junto a Jesús, siendo testigos de sus diversos signos. Entramos en este tiempo pascual con el corazón despierto. La fuerza de las lecturas del día de hoy está en que podamos reconocer en Cristo Jesús al Hijo de Dios.
§ La lectura del profeta Isaías y la carta de Pablo nos hablan de una paradoja que Jesús cumple a cabalidad: despojarse de su divinidad para ser esclavo, incluso llegar a la cruz. Gracias a este abajamiento es como proclamamos su nombre como Nuestro Señor.
§ La Pasión, según el evangelio de San Mateo, nos presenta la lógica de Dios basada fundamentalmente en la humildad: el Mesías no se impone, se entrega; no destruye, se deja herir; no domina, ama hasta el final. Jesús es el nuevo Siervo Sufriente que manifiesta el rostro compasivo del Padre. Con la muerte en cruz de Jesús se rasga el velo, y con esto tenemos un nuevo acceso al misterio divino, presente en la herida del Hijo y también de tantos hombres y mujeres masacrados en nuestros días. Si no podemos ver esta crueldad no veremos el misterio de Dios que se nos hace presente en la fragilidad de lo humano.
La humanidad entera participa de este relato de la pasión y solamente queda una pregunta: ¿Dónde estoy cuando Cristo pasa por el sufrimiento del mundo? Finalmente, Cristo, desde el abismo del abandono, se entrega totalmente al Padre y ésta es la invitación más importante, pues solamente con la entrega absoluta a Dios podremos vivir la resurrección y nacer en la Vida Eterna.






