«Supliqué y me vino el espíritu de la Sabiduría»
OCTUBRE
Domingo 13
- Sab 7, 7–11
- Sal 89
- Heb 4, 12–13
- Mc 10, 17–30
§ El resumen concentrado de este domingo se encuentra en la siguiente bienaventuranza: «Bienaventurados los pobres de espíritu porque tienen a Dios por Rey» (Mt 5,3). Permitir que la sabiduría de Dios permee nuestro corazón implica dejarnos amar para amar a los demás y valorar esta experiencia sobre todas las cosas.
§ La primera lectura pone en evidencia que hay muchos deseos en el corazón humano, pero la invitación es a valorar la sabiduría por encima de todo. Pareciera que, al elegir esta virtud, se desprecian los otros bienes del mundo, pero el autor da un giro y nos presenta una paradoja: al renunciar a ello y preferir la sabiduría, se integra todo lo demás. El salmo nos ayuda a nombrar y desear los anhelos profundos del corazón para tener prudencia espiritual en nuestras acciones, es decir; elegir el bien supremo desde el principio.
§ El Evangelio es claro y contundente: un hombre que cumple la ley de buena voluntad se presenta a Jesús para preguntarle cómo alcanzar la vida eterna, la respuesta que le da traspasa la ley e invita a la donación máxima de sí mismo.
Podríamos concluir que la Palabra de este domingo deja ver un Jesús que, día a día, hace su entrega generosa, produciéndole una honda alegía. Nos enseña que amar a Dios sobre todas las cosas y despenderse de todo lo demás nos hará construir el Reino con una actitud de donación como horizonte.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán