«Una belleza revelada».
MARZO
- Gn 12, 1–4a
- Sal 33 (32), 4–5. 18–19. 20 y 22
- 2T, 1, 8b–10
- Mt 17, 1–9
§ La liturgia de este domingo de Cuaresma nos lleva a la experiencia de la transfiguración como un acontecimiento único en la vida espiritual de los discípulos. Asimismo, la experiencia de Abraham en la primera lectura y la invitación de Pablo en su carta evidencia la fuerza de la llamada como una experiencia iluminadora. Ésta nos muestra una Belleza que nos dice algo más de lo que ya estamos acostumbrados, una Belleza que es la misma esencia de Dios y su misterio.
§ La luz de Jesús en la transfiguración aparece como símbolo de la gloria revelada, es una verdad que no se impone a los discípulos, sino que nos ilumina desde dentro. Además es importante comprender que la transfiguración no es un acontecimiento aislado en la vida de Jesús, sino una anticipación pascual. Moisés y Elías representan la Ley y los Profetas, es decir, toda la historia que converge en Cristo; es en Él donde la palabra se hace luz visible.
§ Pedro quiere fijar la experiencia en chozas de memoria, pero la voz del Padre insiste en «escuchar».
No basta contemplar la luz; es necesario acogerla en la escucha y practicarla. La vida cristiana no consiste en aislarnos en nuestras propias experiencias espirituales, sino en descender del «monte» con los ojos iluminados. Cada experiencia que vivimos debe ser un encuentro con el Cristo iluminado que trasforma nuestra mirada sin apartarnos del mundo.







