
¿Puede acaso alguno decir que habla en nombre de Dios? ¿O puede proclamar alguien haber sido elegido en nombre de la divinidad para actuar en su nombre?

Somos herederos de muchos siglos de divisiones y dualismos. Hemos separado el alma del cuerpo y la razón de los sentimientos.

El desgarramiento interno de san Agustín es más claro en sus Confesiones a partir de los tres últimos libros: «y ningún lugar por ninguna parte, y ningún lugar por ninguna parte. Nos alejamos y nos acercamos, y ningún lugar por ninguna parte».

En el Génesis, Satanás presenta a la mujer la tentación por excelencia: “Seréis como Dios”. Es una provocación que impulsa a la desobediencia, no importa aquí si se trata de comer o no de un fruto o de otra cosa, es el hecho de ofrecer el oponerse a Dios en aras de ser como Él.