
En la entrega anterior veíamos que la jerarquía, por su propia naturaleza o esencia, no escapa de la delimitación y administración del desarrollo ajeno, aun cuando este modelo esté gestionado por líderes o grupos reducidos humanistas con una misión y objetivos loables preestablecidos.

Además, es importante mencionar que la jerarquía, por naturaleza, es la subordinación de un hombre sobre otro. Esto quiere decir que existe un sujeto que cuenta no sólo con el poder, sino también con el conocimiento, los medios y las herramientas suficientes para controlar a otro sujeto que no cuenta con todo lo anterior y que debe ser adiestrado y orientado para evitar el caos. Cuando esta jerarquía no está al servicio de la comunidad o del pueblo, se convierte en una forma fáctica de opresión y dominación, venga de donde venga.

Eran las tres de la mañana del primer lunes de Pascua cuando desperté y revisé por inercia mi celular. Tenía una notificación de Google News: «El papa Francisco ha fallecido». Me quitó el sueño por completo.

Don Gustavo nos enseñó que la historia de la salvación es en realidad la historia de la humanidad.

No hace falta un esfuerzo sobrenatural para reconocer que la Iglesia está en crisis vocacional hoy en día.

La exhortación apostólica Evangelii Gaudium es un documento fiel a lo que los propiciadores del Concilio Vaticano II apostaron: un horizonte eclesial liberador. En esta exhortación excelsa Francisco insiste en la necesidad de volver a las raíces del Evangelio.