
Con más de 56 conflictos activos en el mundo, situaciones como el conflicto Israel–Palestina, Rusia–Ucrania, Israel–Irán y las graves guerras civiles en Sudán, Siria, Myanmar, además de otros conflictos importantes y cercanos como la guerra contra el narcotráfico.

Entre la apatía y la participación, la vida pública se sucede sin cesar. ¿Cómo hacer frente a esta complejidad que se agolpa a veces con expresión de imposibilidad de hacer?

Hace unos meses los cristianos de todo el mundo celebramos la Pascua, la fiesta de la Resurrección de Jesús: la luz que brilla en las tinieblas, el Dios vivo en medio de nosotros.

La crisis por abusos sexuales en la Iglesia Católica de Chile no es un tema sencillo, sino una herida profunda que reveló fallas sistémicas.

Después de dos años de haber hecho mis votos lo que sigue permaneciendo en mí es la razón por la cual hice este compromiso: la comunidad del pueblo de Dios.

La familia es la primera institución socializadora. Es la célula básica de la sociedad en la que el individuo forja ese vínculo primario con sus seres amados, donde convergen el cariño, el amor, los principios, los valores, el afecto, la solidaridad, el respeto.

En mayo de 2021 el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas instituyó la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental.

En estos diez años celebramos la realización de un sueño que se ha hecho camino: junto con más de 75 mil personas que apuestan por reconstruir la esperanza, hemos acompañado decenas de comunidades en 62 municipios de 20 estados del país.

El pasado lunes 22 al 24 de septiembre, en el auditorio Pedro Arrupe, se realizó el evento Re-Existe, un encuentro organizado por la Cátedra Jorge Manzano, S.J. y las organizaciones Bendita Mezcla, Watawa Wa Taa y el Spiritual and Theological Mutual Accompaniment, que buscó tejer redes de solidaridad y esperanza.

El Dios bondadoso que se ha revelado en su muy amada Creación tocó el corazón de Francisco de Asís, inspirándolo para exclamar: «Alabado seas, mi Señor».