Evangelio del domingo 22 de marzo


«Despertar a la vida que no muere».

MARZO

  • Ez 37, 12–14
  • Sal 130 (129), 1–2.3–4.5–6ab.6c–8
  • Rm 8, 8-11
  • Jn 11, 1–45

§ En Jesús vivimos la Vida Eterna. Es el mensaje que la liturgia de este domingo quiere transmitirnos. La primera lectura y la Carta a los Romanos insisten en la necesidad de salir de nuestros sepulcros, salir con un espíritu vivificado, con el espíritu de Cristo que vive por la paz y la justicia.

§ En el Evangelio leemos que Jesús llega tarde según nuestra lógica humana, pero puntual según el tiempo de Dios. Aquí podemos ver una pedagogía que nos enseña que una fe madura puede esperar. Encontramos también tres palabras claves del Evangelio: amistad, fe y resurrección.

§ Jesús resucita a un amigo demostrando cómo el amor divino puede romper la barrera de la muerte. Al mismo tiempo, el llanto de Jesús revela a un Dios que llora por su amigo y que es, a la vez, quien lo saca del sepulcro. De este modo, cuando proclama «Yo soy la resurrección y la vida», no promete algo futuro, sino su presencia actual: la vida eterna comienza cuando creemos.

Nosotros habitamos en sepulcros interiores: miedos, resignaciones, vínculos muertos, fe adormecida, indife-rencia, etc. La voz de Cristo resuena y nos llama: «Ven fuera». Su palabra nos invita a caminar libres como Lázaro. Pero Lázaro no está solo, sino rodeado de una comunidad creyente que lo desata y le ayuda a recuperar el paso, la esperanza y la confianza. La fe en la Resurrección es vivir una trasformación del presente, es buscar una vida que ya no muere. Ésta es la verdadera esperanza.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán

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