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Evangelio del domingo 20 de agosto

«Aclamen a Dios en la tierra»

AGOSTO

Domingo 20

  • Is 56, 1.6–7.
  • Salmo 66.
  • Rom 11, 13–15.29–32.
  • Mt 15, 21–28.

§ Conviene mirar a Jesús cuando escucha la respuesta que esta mujer da a su insulto. Ella se lo apropia, pero lo transforma en una palabra de esperanza y Jesús se vuelve testigo, impresionado, de la transfiguración que puede realizar la fe.

§ Conviene también escuchar sus palabras, marcadas por esa admiración y sorpresa, «¡Qué grande es tu fe!», esta fe que me lleva más allá de lo que había pensado era mi misión, ahora puedo compartir más libre la Buena Noticia de mi Padre Dios.

§ Dejemos que la sorpresa de Jesús y su respuesta, nos transforme y nos haga también responder. Dejemos que nos convierta en admiradores de quienes antes hemos despreciado, descubriendo que el amor y la fe pueden llevarnos adonde no creíamos, al mundo nuevo donde todas las personas reciben, porque así lo merecen, la vida plena y abundante que ha querido darnos nuestro Padre común, nuestro Buen Dios.

La sorpresa de Jesús y su elogio de la fe de esta mujer extranjera le dan a Él la oportunidad de repensar su misión. El Evangelio nos deja claro lo que pensaba antes de este encuentro, su palabra era sólo para los hijos de Israel. Ahora sabe que no es así: descubre, con la mujer, que la generosidad del Padre no tiene límites y que todo puede ser aprovechado, por pequeño que sea, para traer esperanza, salud y salvación. Ahora todos los pueblos pueden recibirlo, ahora todos pueden comprenderlo, ahora todos pueden descubrir los oídos grandes y acogedores que tiene nuestro Padre Dios. Ahora sí, se puede rezar el Padre Nuestro en todas las lenguas, en todas las culturas, en todas las naciones y formas de vida, porque no hay nadie que quede lejos del amor de Dios.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán
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