
Al conmemorarse los 50 años de la institución del Sínodo de los obispos, el papa expresó en su discurso que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio».

La Iglesia necesita que todos seamos profetas, es decir, hombres de esperanza, siempre directos y nunca débiles, capaces de decir al pueblo palabras fuertes cuando hay que decirlas y de llorar juntos si es necesario.