
Partía yo de la cita de Gálatas 5 versículo 22 en la que san Pablo nos recuerda los frutos del Espíritu: «amor (ágape/charitas), alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia». Ahora, siguiendo una reflexión de Karl Rahner —teólogo del Concilio Vaticano II—, añado que esto lo hemos de aplicar en dos sentidos.

Despertar movimientos interiores y dinamismos comunitarios mientras se presenta la persona de Jesús no es una tarea fácil. Es un arte que se hila fino; una labor de siembra, gratuidad y de una constante renuncia a nuestros esquemas adultocentristas que creen saber lo que las y los jóvenes necesitan.

Se cuenta para no olvidar, se cuenta para no repetir una situación dramática, se cuenta para resignificar una catástrofe, se cuenta porque nos vincula con una comunidad específica.