
La sociedad actual se presenta de múltiples formas y de manera sumamente compleja. En palabras del papa Francisco, a quien recordamos con gratitud, él decía que, más que una época de cambios, estamos viviendo un cambio de época, lo que hace que nuestro contexto sea muy desafiante.

Se cumplen 20 años del siniestro en la Mina 8 en Pasta de Conchos, propiedad de Grupo México, donde perdieron la vida 65 mineros. Tras dos décadas de alzar la voz, la esperanza de recuperar a los mineros, a nuestros seres queridos, ya ha comenzado a florecer.

Los recientes acontecimientos de inicios de este año vuelven a colocar a América Latina en el centro de los debates y, con éstos, reaparecen los fantasmas que rondan su convulsa historia desde la década de los años sesenta, setenta y parte de los ochenta levantando serias sospechas sobre su real «independencia»

¿Qué teología necesita hoy nuestra sociedad y nuestra Iglesia? En torno a esta pregunta dialogaron

Una invitación a afinar el corazón, aprender a escuchar con mayor hondura y dejarnos transformar por el paso de Dios en la vida cotidiana.

Y es que en este contexto académico visualizamos múltiples y profundas disparidades y brechas, es decir, las desigualdades, entre grupos de personas y comunidades que son de clase, étnicas, de género, económicas, socioespaciales, políticas y de poder y son entendibles como formas ampliadas de violencia estructural, junto con la pobreza, el racismo, el patriarcado y el colonialismo.

A una semana de haberse realizado el segundo Diálogo Nacional por la Paz en el

Como afirman los místicos cristianos, la actividad primordial del creyente no es la actitud negativa de lucha contra el mal sino una actitud creativa, restauradora y liberadora. Solo bajo esta actitud, la persona constructora de paz –incluso siendo víctima– se olvida de sí misma y se entrega a un camino duro y sacrificial. El proceso de construcción del mundo marcha entonces con el ser humano liberándose de los límites que le impone aquella falta de paz.

Maricruz Trigueros Manzo es originaria de la ciudad de México. Es psicóloga de profesión y

Esta frase, atribuida a Antonio Gramsci, volvió a mí una y otra vez mientras leía A Secular Age (Una Era Secular) de Charles Taylor.