«Dios se encarna en la cotidianidad de nuestras vidas para habitar entre nosotros».
Diciembre
- Is 7, 10–14
- Sal 23
- Rom 1, 1–7
- Mt 1, 18–24
§ Isaías anuncia un signo inesperado: una joven dará a luz un hijo y su nombre será Emmanuel, «Dios con nosotros». Esta promesa no se impone con estruendo, más bien se encarna en la historia concreta de un pueblo que necesita consuelo.
§ La carta a los Romanos presenta a Jesús como descendiente de David «según la carne» e Hijo de Dios con poder, y nos recuerda la invitación de pertenecerle con todo lo que ello implica, principalmente la misión. Ser de Jesucristo significa volcar nuestra vida a la santidad, que no es más que estar atentos para reconocer la voluntad de Dios en nuestra vida y seguirla.
§ Mateo nos presenta la lucha interior de José, su confusión ante lo incomprensible y su fidelidad profunda ante lo que parece no tener sentido. Él acoge a María movido por la fe y la convicción de formar parte de algo más grande que él, no por obligación. Así participa de la historia de salvación como testigo humilde y valiente.
En este domingo el Adviento nos conduce a reconocer que Dios habita en lo sencillo. Su proyecto no se impone desde arriba, más bien se revela en quienes están prestos y diligentes a escuchar y se disponen a acoger su Buena Noticia. Dios está cerca, su Palabra se hace carne en quienes se abren al misterio y confían, incluso en medio de la incertidumbre.






