
Cuando entré a la Compañía de Jesús, a los novicios nos tocó compartir algunas clases con las Madres Adoratrices del Santísimo Sacramento, unas monjas de clausura cuyo convento se encontraba en la misma ciudad que el noviciado jesuita. Debido a que su carisma es muy distinto del de los jesuitas, su estilo de vida también difiere considerablemente.

Este texto entreteje los «eclipses» que Taylor describe con el drama encarnado en algunos personajes de Camus que han acompañado mis propias búsquedas: el doctor Rieux; Tarrou; el padre Paneloux, S.J., y el niño moribundo. Cada uno habita, a su manera, lo que Taylor llama el Secularismo (Secularidad 1, 2 o 3).

Para entender cómo vemos a Dios actualmente debemos reconocer primero el tránsito de la trascendencia a la inmanencia radical. Durante milenios Dios fue el «Otro Totalmente Otro» (como lo definía Rudolf Otto), una entidad separada de la creación que exigía obediencia y temor reverencial. Hoy esa brecha se ha cerrado: el Dios contemporáneo ya no habita en las alturas inaccesibles, sino en la profundidad del «Yo».